Bosnia y Herzegovina: Una reflexión sobre un despropósito.

Recién estrenado en su cargo en Bosnia y Herzegovina, un embajador de uno de los grandes Estados de la Unión Europea reconoce que no había imaginado que la situación pudiera ser tan grave: “Aquí ocurre algo que no había visto en toda mi carrera, y es que me reúno con los ministros y jefes de Gobierno y de Estado para decirles lo que tienen que hacer y cómo; si hiciera esto en cualquier otra parte del mundo al día siguiente me expulsan del país.” Seguramente, pero a este embajador no le expulsarán de Bosnia y Herzegovina porque éste es un país radicalmente diferente a cualquier otro, ¿o acaso alguien se imagina al embajador alemán concediendo una entrevista a El País y diciendo lo que tiene que hacer España para mejorar su situación económica, o emitiendo un juicio sobre qué deberíamos hacer para acabar con ETA, por ejemplo? En Bosnia y Herzegovina eso ocurre con frecuencia y las opiniones de los diplomáticos llegan incluso a la portada de los periódicos, lo que da una medida de la importancia que se le concede a sus declaraciones.

Embajadores y gobernantes extranjeros, incluido el gobernador de Maryland, EE UU, exponen en los periódicos de Sarajevo sus reflexiones sobre la situación.

Embajadores y gobernantes extranjeros, incluido el gobernador de Maryland, EE UU, exponen en los periódicos de Sarajevo sus recomendaciones y reflexiones sobre la situación en Bosnia y Herzegovina.

Y es que los embajadores extranjeros hacen mucho más que preocuparse por las relaciones entre los Estados que representan y Bosnia y Herzegovina. En Sarajevo juegan a la política como peones en esta interminable partida de ajedrez que lleva en tablas desde 1995, cuando por fin se terminó la guerra y comenzó la lenta e inacabable construcción de la paz. Aquello sucedió en la pequeña ciudad de Dayton, EE UU, en noviembre de 1995, y allí se reunieron los presidentes de Bosnia y Herzegovina, Croacia y Serbia para fijar unos términos de paz que también apoyaron con su firma los presidentes de EE UU, Rusia, Francia, Gran Bretaña y Felipe González como enviado especial de la Unión Europea. Con aquella firma múltiple asumían todos ellos el compromiso y la responsabilidad de trabajar por la paz y la estabilidad del país, y para ello crearon un organismo, el llamado Comité de Implementación de la Paz o PIC (Peace Implementation Council) y una figura, el Alto Representante, que serían los encargados de velar por la aplicación de dichos acuerdos. De ello hace una larguísima década y media, y así seguimos.

No es ninguna tontería recordar que en 1957 se sentaron en Roma alemanes, franceses, italianos, belgas y holandeses y luxemburgueses, gentes que una década antes se habían matado de la forma más horrible que la humanidad ha conocido, pero que ahí estaban, firmando unos tratados de cooperación económica y buena voluntad que sembraron la semilla de lo que hoy es la Unión Europea. En Bosnia y Herzegovina, en cambio, han pasado casi quince años desde el fin del horror y todavía parece que las heridas de la guerra no sólo no se cierran, sino que se gangrenan sin remisión.

Lo inaudito es que éste es un caso para el que todo el mundo parece tener clara la solución, que pasa por la aplicación de la receta de Dayton y el ingreso del enfermo sanado en la Unión Europea. Así lo reconocen los líderes políticos locales, y en ello han trabajado decenas de miles de expertos internacionales y se han invertido centenares de miles de millones. Si la integración europea es la zanahoria la Comunidad Internacional posee además una completa gama de palos, de los cuales el más terrorífico es la llamada “Autoridad de Bonn” concedida por el PIC al Alto Representante, y que le dota de la autoridad de destituir cargos democratica y soberanamente elegidos si se considera que suponen un obstáculo a la aplicación del plan de paz. Ahí es nada, el virrey echando a un alcalde, a un ministro o al mismísimo presidente del gobierno.

El Comité de Implementación de la Paz y su Alto Representante son una especie de gabinete médico que uno pensaría que en principio debería ser infalible, por la sencilla razón de que en él están todos, absolutamente todos: Naciones Unidas y la mayoría de sus agencias especializadas, la OSCE, la OTAN, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, por supuesto EE UU y Rusia, y con ellos hasta 55 países a título individual, entre ellos Albania, Marruecos, Arabia Saudí, Ucrania, Omán o Malasia. Por descontado también está la Comisión Europea, que se ha traído a su policía y al ejército. Es decir, la crème de la crème de la geopolítica mundial. Sólo falta China, que dejó de inmiscuirse formalmente en los asuntos de Bosnia y Herzegovina en 2000.

De esta forma, si es cierto que en el mundo hay muchos Estados dominados de alguna forma por otros, no hay ninguno sometido a la voluntad de tantos otros como Bosnia y Herzegovina. Y todos ellos y muchos otros dedican sus energías y montones de dinero a trabajar por ese objetivo común de Dayton y la integración europea, un objetivo sacrosanto y asumido por todos.

Pero lo cierto es que cualquiera que haya trabajado en el país o que esté al tanto de lo que ocurre aquí conoce las dificultades que conlleva cualquier iniciativa que suponga la cooperación entre las partes que se enfrentaron en la guerra. El Estado central es débil e ineficaz, las entidades van cada una por su lado, la limpieza étnica se consolida día a día, la mitad serbia admite sin tapujos que quiere independizarse, croatas y musulmanes se hacen la puñeta en la mitad que comparten y con especial inquina en la dividida ciudad de Mostar, cada comunidad estudia un currículo diferente, y así un triste y larguísimo etcétera.

Es inevitable preguntarse qué está fallando aquí. Parece que todos tienen asumida la receta, los médicos controlan casi en su totalidad al paciente, pero éste no quiere tomarse la medicina. Una UVI con 4 millones de internos es una visión terrorífica, pero Bosnia y Herzegovina no es otra cosa. Está claro que los primeros responsables son los propios bosnioherzegovinos, pero cabría preguntarse si la Comunidad Internacional está haciendo lo más apropiado, o si aquellos acuerdos de Dayton, pese a detener la matanza, se equivocaron al diseñar el mecanismo que debería crear la paz.

Mientras tanto, miles de personas dedicamos todas nuestras energías a intentar que este país salga hacia delante, manejando ingentes recursos puestos a nuestra disposición por la Comunidad Internacional. Cuando no se trabaja con personas sino con instituciones y se busca cualquier tipo de cooperación entre ellas se acaba dudando de que merezca la pena tanto desvelo, porque sencillamente las partes no quieren colaborar entre sí o peor aún, utilizan cada oportunidad que se les brinda para torpedearla. Es inútil medicar a un enfermo si en cuanto te das la vuelta escupe la aspirina. Como con Dayton, todavía hoy el enfermo dice sí a cualquier tratamiento o proyecto, promete colaboración y recursos y alaba y agradece los esfuerzos, y uno acaba concluyendo que definitivamente le están tomando el pelo.

Es terriblemente frustrante dar lo mejor de uno mismo y comprobar que no sirve para nada, hasta que acabas cometiendo el pecado de pensar si tanta atención, mimos y cuidados son contraproducentes. Menos mal que cuando unos nos quemamos siempre llegan otros que, después del desconcierto inicial como ese embajador recién llegado, se dedican cargados de energía a alimentar la batería de este despropósito.

11 Respuestas a “Bosnia y Herzegovina: Una reflexión sobre un despropósito.

  1. Excelente trabajo Miguel! Se nota que hay muchas horas de investigación en este artículo. Felicitaciones tío.

  2. Gracias, Sebas. Investigación hay poca más allá de aquella a la que te lleva la curiosidad. La verdad es que, aunque suene un poco chulesco, creo que lo hay son horas de trabajo, aquí y en otros lugares y en otros contextos y con otros “beneficiarios” menos politizados. Así que la dificultad del artículo has sido intentar expresar en unas pocas líneas las complejas raíces de la frustración y el desengaño de un lugar que te apasiona.

    Un abrazo fuerte, ché!

  3. Muy interesante, Miguel. Me dirás que soy reduccionista y simple (obviamente lo que conozco es muy superficial), pero creo que el problema son los nacionalismos en sí, especialmente en un crisol como los Balcanes. Si se independizaran los serbios de bosnia, en la nueva entidad habría minorías que a su vez querrían independizarse y así ad nauseam.

  4. El problema es infinitamente más complejo, pero de cualquier modo el argumento de la independencia eterna hasta llegar a la república Ikea no sirve, ya que a pocos cientos de kilómetros de aquí la “hemos” apoyado e impuesto y hablo de Kosovo, claro.

    El argumento de la represión serbia no es válido, lo siento, por el sencillo hecho de que no es universal: si la independencia es un derecho cuando se cumple la premisa de que se sufre represión, decenas de pueblos oprimidos y sin Estado reclamarían la aplicación de ese derecho, y entonces sí que llegarías a una situación ad nauseam.

    Lo que creo que poca gente tiene presente es que TODOS los nacionalismos en Bosnia y Herzegovina son terriblemente excluyentes. Sarajevo tiene tantos símbolos nacionalistas “bosniomusulmanes” (que no bosnioherzegovinos) como los pueda tener Banja Luka del radicalismo serbio.

    En EE UU el nacionalismo/patriotismo funciona a la perfección porque es inclusivo y la mayoría de los inmigrantes desean integrarse y participar de él, con lo que colaboran a hacer más grande la nación. Además, ese patriotismo no entra en colisión con otros, por lo que nadie hablaría de que EE UU declara guerras porque son unos ultranacionalistas. En absoluto. En cambio en Bosnia y Herzegovina el nacionalismo es conflictivo, y en gran parte se debe a que hay una miríada de observadores que, como papás y mamás, intentan que los tres hermanos no se peguen sino que se quieran, los tres están celosos, quieren ser niños únicos y recibir todos los mimos, y para ello provocan continuas pataletas. Sinceramente creo que el problema está seriamente inflado por la presencia de tantos internacionales aquí, tan inmiscuidos en sus asuntos. El presidente serbio dice una barbaridad, el Alto Representante amenaza, el serbio se siente agredido y responde, ya con el tono más bajo pero entonces el bosnio también protesta, el Alto Representante vuelve a intentar poner orden, y así una y otra vez, por un lado y por otro, siempre lo mismo… Y la gente asiste a todo esto y acaban dejándose llevar. Ojalá llegará un día en que el presidente serbio diga una barbaridad y no pase nada; que luego diga otra y que sus vecinos le digan que ya está bien, que se deje de idioteces y se preocupe del paro, de las carreteras, de la educación y de la sanidad.

    El día que los problemas reales de la gente sean el verdadero motivo del debate este país se habrá curado.

  5. Hacía mucho tiempo que no leía tus “Balkanidades” y hoy, al hacerlo, he sentido que nos unía un hilo, como el de Ariadna a Teseo. A miles de kilómetros de distancia, en contextos diametralmente diferentes, los cuestionamientos y las reflexiones que nos planteamos son las mismas.
    Gracias por compartir tus pensamientos y acercarnos a aquella región.
    Abrazos desde la cálida Managua

  6. Vaya Amparo, qué bonitas palabras. Sí, el contexto será completamente diferentes, pero la reflexión sobre la utilidad de la cooperación y sus efectos es de vital importancia. Supongo que todos tarde o temprano, y después de la ceguera del entusiasmo inicial, acabamos haciéndonos estas preguntas.
    Gracias a tí por tu comentario!
    Otro abrazo desde un soleado Sarajevo.

    • Gracias Gonzalo. Es triste que sea un sentimiento compartido, pero gracias. Quién sabe, quizá algún día el trabajo con las instituciones en este bonito país nos dé grandes satisfacciones profesionales y personales… Ojalá ese día llegue pronto! Otro abrazo fuerte.

  7. Gracias Miguel por este inteligente artículo.
    Yo nunca he estado en Sarajevo y la guerra me pilló
    muy joven como para enterarme de algo.

    Pero hoy preparo mi maleta, rumbo a Sarajevo
    como jóven cooperante y,
    en este proceso de acercamiento previo
    y estudio del contexto actual
    me asaltan las preguntas…
    no tendrá BiH demasiados tutores benévolos?
    no tendríamos que propiciar una emancipación gradual más que una tutela eterna?

    No obstante, mi maleta va cargada de ilusiones y utopías
    rumbo a BiH!

    • Hola Carolina:

      Planteas unas preguntas muy apropiadas y también muy difíciles de responder, porque no sé hasta qué punto los tutores son benévolos (a BiH acaban de darle un varapalo dejándola fuera de la propuesta de liberalización de visados, que incluye a Serbia, Montenegro y Macedonia), también es difícil desentrañar los intereses de tantos poderes, unos interesados en mantener esa tutela y otros en lograr la emancipación.

      Como joven cooperante no puedes traer en la maleta otra cosa que ilusión y utopías, ya que a veces es lo que nos falta a los que llevamos demasiado tiempo por aquí. Vas a tener una experiencia interesantísima, y ya irás encontrando nuevas preguntas que hacerte, y poco a poco alguna que otra respuesta.

      Buen viaje y hasta pronto.

  8. Hay una cita de los Escritos Bahá’ís muy bonito y, para mi, inspiradora para alentar a aquellos que trabajan en pos de la paz y el bienestar humano…

    “El mejoramiento del mundo puede ser logrado por medio de hechos puros y hermosos, por medio de una conducta loable y correcta.”

    Así que trabajemos todos con ahinco y sacrificio para logar la unidad de la humanidad y la paz de los pueblos.

    ¡Qué tengan un día hermoso! :)

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