Publicado por Miguel G. Lázaro en octubre 18, 2009

Cojín con el ajedrezado rojiblanco croata
Es más que llamativa la obsesión que existe en Croacia por los símbolos nacionales, especialmente por el ajedrezado rojiblanco del escudo nacional y que adorna casi cualquier objeto de la vida cotidiana. En ningún otro país de la antigua Yugoslavia se ve tal profusión de estos símbolos, lo que resulta chocante y llamativo para quienes viajan por la región y que a menudo algunos lo entendemos como muestras de un nacionalismo exacerbado. Aunque resulta un poco extenso, se reproduce a continuación la mayor parte de una interesantísima y agudísima reflexión de Boris Dežulović sobre esta cuestión, publicada en el diario electrónico croata “e-novine“:
Tú mismo tu propio croata
En la exclusiva elección del Libro Croata del Año, un nuevo premio literario croata que reparte la Caja Postal Croata en colaboración con la Radiotelevisión Croata, el Periódico Vespertino (Vecernji list) y Matica Croata, entre los veinte mejores títulos croatas del año pasado estaban “Gramática comparativa histórica de la lengua croata”, “Libro del glagolítico croata”, “Población de Croacia”, “Cultura escrita croata 3”, “Croacia, cómo avanzar”, “Sobre las nuevas historias croatas”, “Nomenclator botanicus Croaticus”, “Tipología de la lírica croata moderna”, y otros diez libros de modernos escritores y editores croatas. Al premio al libro croata del año –que según las bases debe estar escrito en lengua croata, publicado en la República de Croacia, y cuyo autor debe ser un ciudadano croata– se le suman mil euros de regalo de la Caja Postal Croata, que el autor recibirá al final de Marzo en el edificio de la Televisión Croata.
La noticia ha estado en los medios croatas, y el autor de estas líneas se ha tomado la molestia de contar: en 15 títulos el sustantivo “Croacia” y el adjetivo “croata” se mencionan exactamente veintiuna veces (en números: 21), y de los cuatro patrocinadores del premio sólo uno de ellos no es croata, sino vespertino. […]
Probablemente se habrán dado cuenta de que en el premio croata que la caja croata entrega al escritor croata por el libro croata en lengua croata sólo el dinero por alguna razón no es croata [euros en lugar de kunas, moneda croata]. Otros pondrían el acento sobre este punto, pero no alguien cegado por el odio contra todo lo que sea croata. Y aquí de eso se trata. De todo lo que es croata.
El premio al libro croata del año, además, se ha concebido como respuesta del empresariado croata, asociado con la cultura croata, al contrasentido que sacude la escena literaria croata cada vez que se entrega alguno de los diecinuevemil premios literarios croatas y lo recibe un croata de Bosnia o un croata serbio [...].
En lugar de los premios literarios podemos hablar también de la liga de fútbol croata, en la que para el título de campeón de Croacia sólo caben clubes con el certificado de “Club croata de fútbol” [...]. Esta vez el invento es exclusivamente croata: no he oído que ningún club inglés se llame “Club inglés de fútbol”, como el Real Madrid tampoco se llama, digamos “Club español de fútbol Real Madrid”.

Escudo Club croata de fútbol (HNK) Hajudk
Los delegados de los clubes europeos, insensibles a la cuestión nacional, provocan gran desorden en la UEFA pues no es posible saber de dónde es cada club de fútbol. ¿De dónde viene, digamos, el Liverpool FC? Para el Club croata de fútbol Hajduk se sabe. Está claro que turco no es. Y mientras Croacia envía a la Liga de Campeones a su campeón, oficialmente llamado “Club croata de fútbol”, los marrulleros y anacionales clubes europeos fastidian a la UEFA al registrar a clubes por cuyo nombre no sabes si son italianos, ingleses, tailandeses o lituanos [...].
Con los croatas no ocurre esta confusión. ¿Por qué? Porque el croata, a diferencia del inglés o del danés, no esconde su nombre nacional. Todos nuestros clubes son clubes croatas de fútbol, como también todos los partidos políticos, sea democrático, social, liberal o nacional, antes que nada son croatas. Imagine el caos que sería en las elecciones si los votantes tuvieran que elegir entre diez partidos y ni uno se llamara Partido Nosequé Croata. ¿Cómo, de qué manera sabría nuestro votante croata que la Unión Democrática no es, digamos, alguna organización política bielorusa? ¿O incluso serbia? Así se sabe: los partidos con la letra H [de Hrvatska, Croacia] son nuestros, croatas, y todos esos SNS y SDP son serbios. No como en Inglaterra, donde tienes al partido conservador y al partido liberal, y vete tú a saber cuál es croata y cuál es serbio.
El diablo sabrá de dónde viene, veinte años después de la independencia, este pánico de los croatas a que alguien no les considere lo suficientemente croatas. Se entiende que el club de emigrantes croatas en Maguncia se llame Club croata de fútbol Croacia Maguncia, ¿pero de dónde esa necesidad de que el Hajduk, el Rijeka o el Zadar se llamen “Club croata de fútbol”? El problema es de naturaleza psiquiatra, pues los croatas hacen proselitismo de sí mismos, ante sí mismos confirman su propia croaticidad. Los que completan este proceso se llaman “croatas convencidos”. Se escucha innumerables veces “yo como croata convencido”, “él es un croata convencido”, o se lee en las conmovedoras necrológicas “fue un croata convencido desde sus días de estudiante”.


Convencido puede ser un bautizado o un ateista, hay revolucionarios convencidos, globalistas convencidos, conservadores convencidos, marxistas convencidos o existencialistas convencidos. Esto es porque alguien les ha convencido de que hay un Dios o que no lo hay, o lo que sea. Se han convencido de una idea. Sólo a los croatas hay que convencer de que son croatas. Sólo para los croatas no es evidencia suficiente que uno o ambos progenitores sean croatas. Siempre es lícito recordar que son croatas convencidos.
Puede parecer una estupidez, como convencer a alguien de que es varón o negro (“Obama es un negro convencido”, diría en confianza un croata emigrante en San Diego), pero para los croatas no es un tema de cachondeo. Para otros es difícil de entender, pero uno no es croata por nacimiento. Si fuera así de simple, serían croatas todos cuyos padre y madre fueran croatas. Para los croatas, en cambio, no es suficiente la prueba biológica para la identificación nacional, tienen que estar convencidos en su identidad nacional sin ningún tipo de dudas. La nacionalidad viene, en esto sentido, a ser algo así como una confirmación médica.
- ¿Está Vd. seguro? – preguntará el inseguro mecánico Jozo en el ambulatorio.
- Al 100 % – responderá el doctor.
- No sé…
- Señor, yo lo sé. Por lo que he visto no hay ninguna duda. Me temo que el historial de su familia elimina cualquier alternativa.
- ¿Puedo buscar otra opinión?
- Vd. ha venido a pedirme que le diera una segunda opinión.
- ¿Así que eso es todo?
- Se lo confirmo – dirá el doctor, recostándose sobre la mesa. Quiera reconocerlo o no, estimado señor, Vd. es un croata puro.
Y el día de mañana, con la confirmación médica enmarcada y colgada al lado del calendario Pirelli, nuestro croata convencido abrirá el taller mecánico croata “Jozo”. O quién sabe si junto con el negocio hostelero croata “Croacia Grill” no se presentará al premio del libro croata del año.
