Un programa de TV que se llama Glas Amerike o la Voz de América, y que desde Washington se emite todos los días en los países de la antigua Yugoslavia en sus idiomas, informa de que Tribunal Internacional de Justicia debe emitir hoy, jueves 22 de julio de 2010, el dictamen a la pregunta formulada por Serbia de ¿Está de acuerdo la declaración unilateral de independencia por parte de las Instituciones Provisionales de Autogobierno de Kosovo con el Derecho internacional?
En el noticiario el ministro de asuntos exteriores de Kosovo dice en inglés que el caso de Kosovo es especial y único, y que no debe tomarse como modelo en otros lugares. Justo a continuación el presidente de Serbia anuncia que la declaración de independencia supone un precedente que se repetirá en otras partes del mundo. El informativo reproduce así los argumentos que hacen del caso de Kosovo el pandemónium no sólo de la política internacional, sino también de la política local en muchísimos países.
Glas Amerike retransmite cuando la Corte Internacional de Justicia ya ha emitido su sentencia, en la que afirma que Kosovo no ha hecho nada ilegal al separarse de Serbia. El dictamen del tribunal de La Haya reproduce el argumento de especificidad mencionado por el ministro kosovar, y afirma que es un caso especial y único, y que debe tomarse en el contexto de lo que estaba pasando en la región en los años 90: una oleada de muerte y el triunfo del odio y del miedo.
El gobierno serbio ha quemado uno de sus últimos y más inteligentes cartuchos aunque la jugada no le ha salido como esperaba. Pero no importa porque todo seguirá más o menos igual: Kosovo logrará una docena de reconocimientos en los próximos días; o quizá no, quizá más o quizá muchos menos, pero del 36 % actual de países miembros de la ONU que ya han reconocido Kosovo no se llegará al 50%. Kosovo seguirá siendo un Estado en construcción dependiente de la ayuda internacional, cuya legitimidad se fundamentará en una mezcolanza de argumentos dramáticos (la represión de Milosevic) y legal-posibilistas (el juego diplomático de quién reconoce la independencia).
En estos próximos días, en medios de comunicación de todo el mundo y en todos los idiomas, la noticia producirá centenares de apasionados artículos de opinión y miriadas de comentarios de gente corriente que polemizarán sobre si la independencia unilateral es legal, aunque en realidad discuten sobre si es justa.
Los debates serán más apasionados cuantas más churras se mezclen con las merinas, lo que hará de la sentencia de la Corte Internacional de Justicia un episodio más o menos fútil de la trampa balcánica: Kosovo ha obtenido su victoria en el campo del Derecho Internacional, pero los debates que se producen en los medios de comunicación suponen que Serbia también ha ganado, pues esos debates aíslan a Kosovo y alimentan su imagen de peligroso precedente para decenas de Estados y gobiernos del mundo. Un capítulo más que difícilmente podemos considerar un avance sino que más bien confirma el estancamiento de la cuestión: cada parte cada vez más atrincherada en sus posiciones porque ambas tienen algo de razón pero mucho de mentira. Estancamiento sine die porque al fin y al cabo, para unos y otros, este status quo es un mal conocido muchísimo mejor que cualquier bien por conocer.


