Balkanidades

Reflexiones, noticias y curiosidades sobre los Balcanes

Archivo de 10 junio 2011

Bosnia y Herzegovina: divagando entre el colapso interno y la reconciliación regional

Publicado por Jordi Martín en junio 10, 2011

Soplan aires positivos y de reconciliación regional en los Balcanes gracias a los avances de la justicia y a la voluntad cooperativa de algunos gobiernos, pero en Bosnia y Herzegovina las relaciones políticas entre las comunidades han provocado una de las crisis más graves de la postguerra. Jordi Martín, geógrafo que ha realizado estudios pioneros sobre la región, analiza la situación en este artículo.

Desde las guerras de los años 90 en los Balcanes, uno de los principales objetivos de la Comunidad Internacional ha sido la promoción de la cooperación y de la reconciliación entre los Estados de la antigua Yugoslavia. A pesar de haber creado programas y planes para promover la colaboración, como el Pacto de Estabilidad para el Sureste de Europa (1999), durante los primeros años del s. XXI los gobiernos nacionalistas de los distintos Estados impidieron avances significativos.

La reciente detención en Serbia de Ratko Mladić, acusado de 13 crímenes de guerra, genocidio y violación de las leyes de la guerra, es un paso importante en la cicatrización de las heridas abiertas en los años 90. La detención ha sido posible gracias a la actual coyuntura política en Serbia, la cual ha propiciado una serie de acciones de notable carga simbólica que permiten pensar que se están estableciendo bases sólidas para la reconciliación. A lo largo de los últimos dos años los actos de perdón se han repetido entre los jefes de Estado tanto de Serbia como de Croacia, destacando las visitas del presidente serbio Boris Tadić a la conmemoración de la batalla de Vukovar o de la matanza de Srebrenica. Por su parte, su homólogo croata Ivo Josipović ha participado en los actos de recuerdo de algunas de las principales atrocidades perpetradas contra los bosníacos (nombrados así los bosnios de religión musulmana) por parte de tropas croatas.

Estos gestos simbólicos han ido acompañados de numerosas encuentros al máximo nivel para firmar acuerdos de cooperación política o de seguridad. Una de las más recientes se dio lugar a finales de abril en Karadjordjevo (al norte de Belgrado), donde los presidentes de Serbia, Turquía y de Bosnia acordaron ayudarse mutuamente en el proceso de integración europea. Este acuerdo consolida la voluntad colaboracionista establecida hace un año en Estambul, cuando las mismas partes establecieron no injerir en los asuntos internos de cada Estado.

De izquierda a derecha: los tres presidentes de Bosnia y Herzegovina Bakir Izetbegović (miembro bosníaco), Željko Komšić (miembro croata), Nebojsa Radmanović (miembro serbio), Boris Tadić (presidente de Serbia) y Abdullah Gul (presidente de Turquía). Fuente: Balkan Chronicle

Sin embargo, la situación política en Bosnia y Herzegovina es antagónica a los avances regionales, ya que las élites continúan sin la voluntad de deshacer el endémico bloqueo político, fruto de la compleja y basta estructura administrativa heredada de los Acuerdos de Paz de Dayton (1995). En octubre de 2010 se celebraron elecciones generales, cuyos resultados y posturas posteriores han generado una crisis política que algunos analistas y medios internacionales consideran la peor desde el fin de la guerra.

Estas últimas elecciones han demostrado una vez más las fallas del sistema constitucional de Bosnia y Herzegovina, así como la difícil convivencia política entre los “pueblos constituyentes” bosniaco (musulmán), croata y serbio, que a modo de inevitable triunvirato comparten el poder en todas las instituciones estatales. La actual crisis vino principalmente provocada por la elección de Željko Komšić para el asiento croata de la presidencia estatal, formada por un miembro de cada comunidad. Pese a que Komšić es croata, los partidos croatas más nacionalistas (HDZ y HDZ-1990) no le reconocen como su representante ya que pertenece a las listas del SDP, un partido declarado multiétnico, impidiendo la formación de un gobierno estable en la Federación de Bosnia y Herzegovina.

Esta Federación es una de las dos entidades en que se dividió el país después de la guerra, y en la que cohabitan croatas y bosniacos musulmanes, pero paradójicamente los croatas recibieron el apoyo de los principales partidos serbios, quienes en una reunión conjunta el 25 de marzo en Mostar declararon “ilegal” el gobierno establecido en la Federación (que incluye a partidos croatas minoritarios), y se declararon dispuestos a bloquear indefinidamente la formación del gobierno nacional hasta resolver las disputas en la Federación, de cuyo gobierno no partipican los partidos croatas con más representantes, el HDZ y el HDZ 1990.

El otro elemento que ha alentado esta crítica primavera bosnia ha sido el anuncio de las autoridades de la entidad de mayoría serbia, la República Srpska, de realizar un referéndum sobre la decisión del Alto Representante (virrey internacional que vela por la aplicación de los tratados de paz) de ampliar el mandato de los jueces y fiscales internacionales que trabajan en Bosnia y Herzegovina. El Alto Representante Valentin Inzko amenazó con utilizar los Poderes de Bonn, que le permiten intervenir directamente en la política interna del país, para impedir la convocatoria del referéndum. La amenaza finalmente no se hizo efectiva gracias a la intermediación de Catherine Ashton, jefa de la política exterior de la Unión Europea, que tuvo que desplazarse a la capital de la República Srpska, Banja Luka, para hacer desistir al líder serbobosnio Milorad Dodik de su pretensión.

Debido a su compleja configuración étnica, Bosnia y Herzegovina siempre ha sido considerada uno de los pilares de la estabilidad regional, como lo ha demostrado la Comunidad Internacional con su amplia misión tanto para la pacificación inicial como para la posterior creación de un estado viable política y económicamente. Así, uno de los numerosos esfuerzos diplomáticos ha ido encaminado a elaborar una senda política propia para Bosnia, intentando anular el intervencionismo de las vecinas Serbia y Croacia, y apaciguando en cierta medida los deseos irrendentistas de las respectivas comunidades étnicas. Pero las formas no necesariamente concuerdan con el fondo, y tanto los acuerdos firmados recientemente como las continuas declaraciones de no intromisión a menudo van acompañadas de sutiles campañas de injerencia, como la desarrollada en Montenegro por el gobierno de Serbia.

La Comunidad Internacional es bien consciente de que no se lograrán unos Balcanes Occidentales “plenamente” estables sin solucionar la endémica cuestión bosnia. Ahora el problema radica en que los enfoques aplicados para Bosnia están agotados, por haberse mostrado inefectivos e inapropiados durante la última década. Cómo se van a desarrollar los acontecimientos es toda una incógnita. Hay demasiados agentes interviniendo, demasiados cambios en la agenda exterior e interior, y demasiado poder entre unas élites locales cuyas decisiones y orientaciones pueden cambiar tan rápidamente como lo hacen sus intereses personales y económicos. Unos rasgos que  caracterizan la volatilidad política vivida en los Balcanes durante los últimos siglos, y que hacen que los progresos no puedan ser considerados como victorias.

Lo paradójico de todo ello es que el país más intervenido de Europa en las dos últimas décadas podría poner en peligro los tan preciados avances en la colaboración de los países de la antigua Yugoslavia. Dicha cooperación está siendo sistemáticamente promovida por parte de la Unión Europea con el fin de facilitar la transición política y económica en la región. Pero los poderosos agentes internacionales, de no haber favorecido las fuerzas centrífugas a principios de los 90, se ahorrarían ahora tener que luchar por la integración de todos estos países en las estructuras comunitarias, y lo que es más importante, estarían afrontando problemáticas mucho menos costosas y complejas a nivel humano.

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Lápidas en ladino: la huella sefardí en el cementerio judío de Sarajevo.

Publicado por Miguel G. Lázaro en junio 2, 2011

Totalmente abandonadas al paso del tiempo, rodeadas de maleza y algunas resquebrajadas por las explosiones de la guerra reciente, las tumbas de la comunidad judía de Sarajevo dan fé de la rica convivencia cultural y religiosa que vivió esta ciudad en tiempos mucho mejores que los actuales. Apenas quedan ya aquí descendientes de los sefardíes que a principios del s. XVI llegaron a Saray-Bosna huyendo de la limpieza étnica de los Reyes Católicos, pero sí han sobrevivido, grabadas en la piedra negra, deliciosas muestras de amor por los seres queridos.

Fantástica mezcla de español con grafía eslava: la đ sustituye a nuestra j, y la j a nuestro fonema i, como en el caso de đoja=joya. La h muda no se escribe, y la ch se representa como č.

 “Una joya imponente / Hombre preciado e inteligente / Yéndose al mundo de la verdad / Todos aprecian sus hechas de bondad / Vicepresidente de la comunidad, / Presidente de sociedades / Laborador público días y tardes / La tasa de su vida fue cortada / Antes del tiempo fue arrancada / A su encuentro salgan ángeles del cielo / En Gan-Eden den a su alma consuelo”. Con estas enternecedoras palabras se despedían los Pardo de uno de los suyos, que con otros muchos centenares descansa en una de las laderas que rodean Sarajevo, bajo lápidas con apellidos como Moreno, Kampos, Montiljo o Kabiljo (en los que -ljo se lee “-llo”, Montillo y Cabillo). Éstas se mezclan con las de nombres centroeuropeos de los judíos ashkenazis, que huyeron de las persecuciones en el centro de Europa en el s. XVII, y que como los sefardíes, fueron bienvenidos y encontraron refugio y protección en los dominios del Imperio Turco.

Las autoridades otomanas toleraban la libertad de cultos en su territorio, y no sólo permitieron sino que favorecieron el establecimiento de la comunidad judía en el Imperio, sabedoras de los conocimientos mercantiles y financieros que han hecho prosperar a este pueblo. Cuando en agosto de 1492 expiraron los 4 meses de plazo que los Reyes Católicos habían dado a los súbditos de fe judía para convertirse o exiliarse, el sultán Bayaceto II llegó incluso a enviar buques a las costas ibéricas para recoger a los refugiados. A este sultán de gran visión estratégica se le atribuye la curiosa crítica, recogida por Caro Baroja, de “considerar como torpes a los Reyes Católicos por haber expulsado de sus reinos a súbditos tan provechosos para sus intereses”. Las puertas del Imperio Otomano estuvieron desde entonces siempre abiertas a la población judía, y en sus confines más occidentales, los de la Península Balcánica, se establecieron e integraron con gran fortuna y provecho.

La primera prueba escrita de presencia judía en Sarajevo data de 1557, y veinte años después el pashá les autorizaba a construir un barrio propio y la primera sinagoga, en una zona a la que llamaron El Cortijo. Los sefardíes se trajeron consigo no sólo la lengua y tradición hispana, sino también una auténtica joya bibliográfica: un Hagadá fechado en 1350 y elaborado en Barcelona.

Calle de Sarajevo dedicada a la asociación judía La Benevolencija

La comunidad judía (sefardí y ashkenazi) prosperó en Sarajevo y se dice que en algún momento llegó a constituir una quinta parte de la población de la ciudad, lo que le ha valido el sobrenombre de “el Jerusalén europeo”, un lugar en el que sinagogas, mezquitas e iglesias católicas y ortodoxas se han venido mezclando en secular armonía. A finales del s. XIX la comunidad sefardí de Sarajevo llegó a publicar un periódico en ladino, La Alborada, y en 1892 se constituía una asociación cultural y caritativa que todavía hoy aglutina a la comunidad judía de Bosnia y Herzegovina: la Benevolencija.

El siglo XX fue terrible para la comunidad judía, y cerca del 85 % de los más de 10.000 judíos que vivían en la ciudad fueron asesinados durante el Holocausto, en campos de exterminio tristemente célebres como Jasenovac o Auschwitz. Gran parte de los supervivientes de la Segunda Guerra Mundial huyeron después al recién creado Estado de Israel, y otros lo hicieron 40 años después, escapándose de la guerra de 1992. Se estima que la comunidad judía de la ciudad la forman actualmente unas 700 personas, aunque es bastante probable que su número sea inferior.

El barrio del Cortijo desapareció en un incendio a finales del siglo XIX, y apenas queda un tercio de las 15 sinagogas que hubo en la ciudad. El cementerio, en cambio, y aunque en un estado penoso y muy descuidado, como testigo mudo y triste del paso de la historia y del hacer inevitable de la muerte, alberga tumbas desde el año 1630, con epitafios que son un auténtico tesoro:

Epitafio a Isak G. Salom, empresario local de quien se nos cuenta que abrió la primera fábrica de fósforos del país, en 1901 en Tuzla (http://bit.ly/iB8Xrf)

Sonia me ha pasado esta preciosa foto del cementerio cubierto de nieve. Gracias! :)

El lugar está en las laderas del monte Trebević, que es el que bordea la ciudad por el sur. Está por encima de la carretera de circunvalación de Sarajevo, conocida como tranzit pero oficialmente llamada “Camino de los jóvenes musulmanes” (Put mladih muslimana). La forma más fácil de llegar es desde Grbavica, subiendo por la calle que sale a la izquierda de la gasolinera de EP junto a la Oficina del Alto Representante (OHR, Office of the High Representative). Desde allí son 5 minutos y no tiene pérdida.

Bosquejo en el que se indica la situación del cementerio y cómo llegar (click para agrandar o en este enlace: http://bit.ly/lg8XAo)

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Para saber más: Página de la Jewish Virtual Library sobre Sarajevo, Edicto de Granada, página del ISJM sobre monumentos judíos, artículo de Ricardo Angoso en el Centro Virtual Cervantes, artículo sobre la Haradá de Sarajevo.

Artículos relacionados: El cementerio de Zagreb deslumbra el 1 de noviembre“, “La muerte tiene rostro” y “El cementerio de Zemun en Belgrado

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