Son estas maravillas de la música y de la cultura, esos elementos de los que la gente se empapa y que ama y asume como propios aunque en algún momento les llegaran de fuera. Ese gran charco que es el Mediterráneo, esa vía de comunicación e intercambio extendió esta sencilla caja de resonancia con un mástil y una única cuerda, que se toca con un arco y se considera el rudimentario antepasado del violín. Este mismo instrumento, con leves variaciones de forma, es considerado elemento tradicional de la cultura de Cantabria, de Serbia, de Montenegro, de Albania, y de varios Estados de la ribera sur y este del Mediterráneo.
Rabel, Gusla, Lahuta o Rababa, pongámosle el nombre que queramos. Y constatemos que lo más nuestro es a menudo lo que más nos asemeja a quien consideramos “diferente”.
El rabel cántabro:
El gusle serbo-montenegrino, interpretado en este caso en “versión Montenegro”:
Lahuta se llama en albanés:
Y por supuesto, el rababa: