El 4 de mayo se cumplieron 30 años de la muerte de Tito, una de las grandes figuras políticas del siglo XX. Josip Broz Tito fue el líder del movimiento partisano que combatió a las tropas del Eje durante la Segunda Guerra Mundial, y que tras la victoria fundó y lideró la República Federal Socialista de Yugoslavia hasta su muerte, en 1980.
Si se atiende a lo que los antiguos súbditos de Yugoslavia comentan y recuerdan del dictador, que no tirano, la imagen que transmiten es muy humana y reconocible, y no censurable desde la perspectiva mayoritaria: presentan a un tipo que se aprovechaba de su posición para codearse con chicas guapas, famosas y deseadas, como las actrices de Hollywood con las que se le atribuyen romances; un bravucón, que presumía ante sus conciudadanos de haberse ido de un hotel de lujo de París sin pagar; pero también un valiente que luchó y fue herido durante la guerra y dirigió a sus tropas con astucia; el líder que consiguió hacer de la posguerra una oportunidad y lograr la convivencia pacífica de antiguos enemigos (ustashas, chetniks, partisanos…) bajo la bandera del socialismo y el yugoslavismo; y en el plano internacional, según comentaba un serbio de Bosnia con total seriedad, el estadista que consiguió que Yugoslavia fuera la tercera potencia a contar en el mundo durante la guerra fría, junto con EE UU y la URSS…
Josip Broz Tito es una figura riquísima y apasionante cuya efeméride permite acercarse a él de mil maneras, pero sorprendentemente los medios de comunicación españoles, en concreto medios líderes como TVE y El País, le han rendido su particular homenaje hablando no de él, sino de lo que ocurrió en su ausencia.

La página dedicada al evento en El País es reveladora: la primera información relacionada con "La herencia de Josip Broz Tito" es Slobodan Milosevic, el mayor pirómano de Yugoslavia
Como persona que vive desde hace más de un lustro en la región, puedo sentirme legítimamente decepcionado por no haber aprendido nada sobre Tito en esos reportajes, pero a la vez entiendo que para las últimas generaciones españolas, la destrucción de Yugoslavia es mucho más llamativa que una figura a la que muchos difícilmente reconocerían en una fotografía.
Lo malo de conocer la zona es comprobar que los reportajes están plagados de inexactitudes y suposiciones gratuitas. Lo terrorífico, es descubrir que van firmados por Ángela Rodicio y Ramón Lobo, conocidos y galardonados periodistas, y que además han cubierto esta zona desde la primera guerra de 1991. Y lo deprimente, que dos reporteros que gozan de respeto y credibilidad por parte del público y de sus colegas, y a quienes además se presupone “expertos” en el tema o al menos en la región, sean capaces de firmar documentos tan miserablemente pobres, superficiales y tendenciosos. Calidad paupérrima que no sólo desacredita la profesión periodística, sino que produce pavor sobre el género de información que devoramos los ciudadanos.
La herencia de Josip Broz Tito es el título del artículo publicado por Ramón Lobo el 4 de mayo de 2010 en El País.
Tito, el padre de la Yugoslavia moderna es el reportaje de Ángela Rodicio, y emitido en Informe Semanal el 24 de abril.





