Ayer fue día festivo en la Federación de Bosnia y Herzegovina, y en la televisión pública de la entidad, Federalna TV, emitieron a las 21.35 una película local absolutamente infumable que se titula “Remake” y que consiguió enfadarme y entristecerme consecutivamente y a partes iguales. Aunque un par de actores hacían unos papeles bastante presentables la película me pareció un bodrio desde cualquier otra perspectiva: cutre en lo técnico, con escenas de un feísimo color verde que hacen sospechar que el director de fotografía padece de un agudo daltonismo; chirriante la música, la ambientación llena de anacronismos, el vestuario demasiadas veces absurdo, pero lo peor sin duda es la historia, tendenciosa, maliciosa y demasiado violenta, y lo más chapucero, salpicada de simbologías y alegorías fatalmente traídas que descaradamente pretenden conmover al espectador pero que no hacen sino intensificar un tufillo demagógico y propagandístico bastante evidente.
“Remake” es una coproducción de 2003 entre Bosnia y Herzegovina, Francia y Turquía que narra la historia de Tarik Karaga, que sufre la ocupación del barrio de Grbavica de Sarajevo en 1992 y un terrible confinamiento en un campo de concentración chetnik, hasta que es liberado por intermediación de la ONU y llevado a París para hacer una película sobre un libro (o quizá fuera un guión) que ha escrito sobre la historia de su padre (o quizá fuera su abuelo, en el fondo da igual). Éste, que se llama Ahmed, se nos presenta con una edad similar a la de Tarik pero en 1942, cuando Sarajevo ha sido tomada por las tropas croatas del régimen fascista y filo-nazi de los Ustasha. Está claro que tanto Tarik como Ahmed Karaga son musulmanes.
En la película los malos serbios de los años 90 son muchísimo más malos que los fascistas ustashas de los 40, y hasta el croata aparece elegantemente vestido con traje y corbata y el pelo pulcramente engominado, mientras que el malo serbio es un animal calvo y con cara de bestia. Son los serbios los que en la película cometen la mayoría de las atrocidades, pero en las escenas que tratan la época da la Guerra Mundial no recuerdo que aparecieran símbolos fascistas o nazis y ni siquiera apenas uniformes militares asociados a los croatas. Las imágenes de violencia, como digo casi exclusivamente cometida por los serbios, son de innecesaria crudeza y violencia, y tan desagradables como la escena en la que el troglodita chetnik humilla a los prisioneros obligándoles a comer de un plato en el suelo, arrodillados en la postura de oración musulmana apoyándose sobre las manos, como en el rito de acercar la frente al suelo pero ahora para meter la cabeza en el plato.
Es muy probable que este artículo sea injusto con la película y que si la hubiera visto en otro momento me habría parecido sencillamente mala, cuando realmente el objeto de mi enfado y el causante de mi tristeza no es el director ni el productor de la cinta, sino la persona responsable de la TV pública de Federación que decide programar este panfleto lleno de paralelismos entre lo fascista/nazi y lo serbio, y para más inri titulada “Remake” o “nueva versión”, precisamente la noche de este lunes 1 de marzo, día festivo en Federación que celebra la Independencia de Bosnia y Herzegovina y que conmemora el 1 de marzo de 1992, día del referéndum de emancipación (y que por supuesto, en la otra mitad del país dominada por los serbios, este día no lo celebran en absoluto).
Lo único que me pareció destacable de la película es una frase que le dice un francés al joven Karaga en París: “Perdonar y olvidar. Es la única forma de sobrevivir”, pero de lo de pasar página probablemente ni se enteró quien programó esta película en un día como el 1 de marzo en la televisión pública Federalna TV, precisamente el 1 de marzo.
