Balkanidades

Reflexiones, noticias y curiosidades sobre los Balcanes

Posts etiquetados ‘Integración UE’

Una cita incierta con el futuro de Bosnia y Herzegovina

Publicado por Miguel G. Lázaro en octubre 3, 2010

Los ciudadanos de Bosnia y Herzegovina están llamados hoy a votar en las quintas elecciones generales desde el fin de la guerra, unos comicios que muchos analistas consideran cruciales para la estabilidad de este pequeño país sureuropeo, inmerso en una gravísima crisis económica, política e institucional. Más de 8.000 candidatos se presentan en las listas de medio centenar de partidos políticos que no se clasifican tanto por el binomio izquierda-derecha como por su orientación étnica, y en una cita electoral más, a los habitantes de este torturado país se les bombardea con mensajes tribalistas como “Uno de los nuestros”, “Esta es nuestra tierra”, o “Para siempre”.

A diferencia del resto de sus países vecinos, que también sufrieron la destrucción física o el desmoronamiento político y social, Bosnia y Herzegovina sigue estancado en una situación de posguerra que ni siquiera los ingentes esfuerzos políticos, diplomáticos y económicos de la comunidad internacional ha conseguido superar. Los Acuerdos de Dayton establecieron un modelo de Estado transitorio en el que se garantizaba gran autonomía a las partes en conflicto, los serbios con su territorio, su “República Sprska”, y los croatas y musulmanes con su “Federación” fragmentada a su vez en cantones semiatuónomos para garantizar también cierto autogobierno a la comunidad croata, la minoritaria de las tres grandes o “pueblos constituyentes”.

El sistema político e institucional fijado en aquellos Acuerdos y en la Constitución, creado para garantizar que cada comunidad estuviera a salvo de posibles abusos de las demás, ha derivado en una tiranía de las etnias sobre la que pivota toda la vida de este país, hasta el punto de discriminar a los ciudadanos que no pertenecen a ellas e impedirles el acceso al poder ejecutivo y legislativo del Estado, reservado únicamente a musulmanes, croatas y serbios. Por ello la Corte Europea de Derechos Humanos sentenció en diciembre del año pasado que la Constitución de Bosnia y Herzegovina era discriminatoria, y la Unión Europea ha añadido su reforma como un requisito más para el avance en el proceso de integración.

Pero por supuesto no se ha logrado el acuerdo político para la reforma constitucional, ni tampoco se han cumplido los requisitos que permitirían a los bosnios viajar a Europa sin visado, ni se han hecho las reformas militares que permitirían avanzar en el proceso de integración en la OTAN, ni, según denuncian diversas organizaciones ciudadanas, se ha cumplido más que un 5% de las promesas electorales ni aprobado más que un tercio de las leyes previstas al inicio de la legislatura. Diversos estudios de opinión muestran el hartazgo soberano de la población, que perciben que la situación empeora irremediablemente y desconfía de unos representantes ineficaces, pero el voto urbano e informado es minoritario y el absentismo hace estragos entre jóvenes y mujeres. Con la esperanza de que su participación pueda provocar un cambio, la comunidad internacional les dirige desesperados mensajes para animarles a votar, y diversas organizaciones llevan tiempo denunciando los excesos de los políticos en el poder y haciendo campaña por la participación ciudadana.

Para luchar contra el cambio los partidos mayoritarios se han lanzado a su vez a una agresiva campaña que apela a los sentimientos más tribalistas del electorado, y desgraciadamente los medios de comunicación, denunciados por su partidismo incluso por la comunidad internacional, apenas reproducen los mensajes conciliadores de los minoritarios partidos multiétnicos. No se preven grandes cambios en el panorama político bosnio, aunque alguna encuesta anuncia una muy poco probable disminución de los votos al partido de Milorad Dodik, líder de un nacionalismo serbio que según la ocasión se torna oportunamente radical y que bloquea constantemente cualquier avance en la construcción del Estado central. Frente al más que previsible continuismo en República Srpska, el voto de la comunidad musulmana puede verse atraído por un nuevo actor, la Liga para un Futuro Mejor (SBB) de Fahrudin Radoncic. Este magnate de los medios de comunicación populista y demagogo podría incluso colarse en la presidencia tripartita del Estado desplazando a Haris Silajdzic, antiguo ministro de asuntos exteriores durante la guerra y representante de una opción mucho más integradora.

Las opciones reales de Radoncic de alcanzar la cúspide del poder al primer intento, haciéndose con el asiento que representa a los musulmanes en la presidencia tripartita del Estado, implica que el voto va a seguir dominado por el sentimiento nacional. Tan sólo un puñado de partidos multiculturales proponen las imprescindibles reformas económicas, políticas y sociales y la superación de la tiranía de las etnias. Y en ellos reside la única esperanza de que en los próximos cuatro años se consiga algún avance.

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La encuesta de Balkan Monitor

Publicado por Miguel G. Lázaro en enero 26, 2010

¿Sabías que los albaneses son los que menos fuman en los Balcanes occidentales, y eso pese a que son los más estresados?  ¿Quién iba a decir que en Kosovo sólo el 25% de la gente está preocupada, frente a un 60% de los serbios? ¿O que la sociedad serbia se considera la más tolerante hacia los inmigrantes, refugiados y homosexuales, o que el 81% de los kosovares  confían en su policía, o que casi el 70% de los montenegrinos consideran que a la mujer se la trata con respeto y dignidad en su país…?

Éstos y otros muchos datos han sido recopilados por la agencia Gallup a través de entrevistas a más de 1.000 individuos en cada uno de los países incluidos en la muestra, que son Croacia, Bosnia y Herzegovina, Serbia, Montenegro, Kosovo, Albania y Macedonia. El resultado es el informe Balkan Monitor, un documento fundamental para analistas e interesados en esta región y que cubre desde cuestiones más o menos irrelevantes como si los entrevistados se sienten descansados, a otras muchos más espinosas, como la relación con los vecinos, la confianza en las instituciones locales e internacionales, o la identificación con el propio país.

Gracias a este informe descubrimos que los macedonios son los que más se identifican con su país (el 70%), y confirmamos que los que menos son los bosniohercegovinos de República Srpska (la mitad se identifican poco o nada con BiH). También es curioso notar que las expectativas depositadas en el ingreso en la UE disminuyen cuanto mayor es el progreso en las reformas para la integración, de modo que sólo el 29% de los croatas ven positivo el ingreso, mientras que el porcentaje se dispara entre los kosovares (89%) o los albaneses (83%), que van mucho menos avanzados en el proceso que el resto de sus vecinos. Un 85% de los kosovares consideran que la OTAN es una organización amiga de su país, mientras que el 67% de los serbios la consideran hostil, una tendencia que se repite en otras instituciones internacionales como la UE, la ONU o la OSCE, valoradas positivamente en Albania y Kosovo pero cuestionadas en Serbia. En el estudio han preguntado también sobre la percepción que tienen de España, y aunque no sorprende que en Kosovo el 45% considere a nuestro país “hostil” por la política contraria al reconocimiento de su independencia, sí que es curioso que los que nos ven como más amistosos (41%) sean los macedonios.

Según el Gallup Balkan Monitor, poco más del 8% de los croatas creen que su país va en buena dirección, frente a casi la mitad de los albaneses o kosovares.

El descrédito de las clases políticas locales queda también de manifiesto en este estudio, y es llamativo que la sociedad más crítica de todas sea la croata, donde casi el 50% de los encuestados respondieron que no confían “en absoluto” en su gobierno, y el 77% poco o nada en los partidos políticos, un porcentaje similar al que se da en Bosnia y Herzegovina y Serbia. En BiH además el 90% cree que los políticos suponen un obstáculo en las relaciones con los países vecinos. Las sociedades del sur, especialmente Montenegro y Kosovo, son en cambio las más complacientes con sus elites políticas y las que más confían en la honradez de sus procesos electorales.

Se podrían dar muchísimos más datos y hacer interesantes comparativas, pero puede llegar a ser malintencionadamente tendencioso, es lo que tiene dar datos estadísticos de forma aislada. Así que  mejor dejarlo aquí y que los que tengan curiosidad que jueguen libremente con esta apasionante herramienta.

Gallup Balkan Monitor

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Bosnia y Herzegovina: Una reflexión sobre un despropósito.

Publicado por Miguel G. Lázaro en junio 11, 2009

Recién estrenado en su cargo en Bosnia y Herzegovina, un embajador de uno de los grandes Estados de la Unión Europea reconoce que no había imaginado que la situación pudiera ser tan grave: “Aquí ocurre algo que no había visto en toda mi carrera, y es que me reúno con los ministros y jefes de Gobierno y de Estado para decirles lo que tienen que hacer y cómo; si hiciera esto en cualquier otra parte del mundo al día siguiente me expulsan del país.” Seguramente, pero a este embajador no le expulsarán de Bosnia y Herzegovina porque éste es un país radicalmente diferente a cualquier otro, ¿o acaso alguien se imagina al embajador alemán concediendo una entrevista a El País y diciendo lo que tiene que hacer España para mejorar su situación económica, o emitiendo un juicio sobre qué deberíamos hacer para acabar con ETA, por ejemplo? En Bosnia y Herzegovina eso ocurre con frecuencia y las opiniones de los diplomáticos llegan incluso a la portada de los periódicos, lo que da una medida de la importancia que se le concede a sus declaraciones.

Embajadores y gobernantes extranjeros, incluido el gobernador de Maryland, EE UU, exponen en los periódicos de Sarajevo sus reflexiones sobre la situación.

Embajadores y gobernantes extranjeros, incluido el gobernador de Maryland, EE UU, exponen en los periódicos de Sarajevo sus recomendaciones y reflexiones sobre la situación en Bosnia y Herzegovina.

Y es que los embajadores extranjeros hacen mucho más que preocuparse por las relaciones entre los Estados que representan y Bosnia y Herzegovina. En Sarajevo juegan a la política como peones en esta interminable partida de ajedrez que lleva en tablas desde 1995, cuando por fin se terminó la guerra y comenzó la lenta e inacabable construcción de la paz. Aquello sucedió en la pequeña ciudad de Dayton, EE UU, en noviembre de 1995, y allí se reunieron los presidentes de Bosnia y Herzegovina, Croacia y Serbia para fijar unos términos de paz que también apoyaron con su firma los presidentes de EE UU, Rusia, Francia, Gran Bretaña y Felipe González como enviado especial de la Unión Europea. Con aquella firma múltiple asumían todos ellos el compromiso y la responsabilidad de trabajar por la paz y la estabilidad del país, y para ello crearon un organismo, el llamado Comité de Implementación de la Paz o PIC (Peace Implementation Council) y una figura, el Alto Representante, que serían los encargados de velar por la aplicación de dichos acuerdos. De ello hace una larguísima década y media, y así seguimos.

No es ninguna tontería recordar que en 1957 se sentaron en Roma alemanes, franceses, italianos, belgas y holandeses y luxemburgueses, gentes que una década antes se habían matado de la forma más horrible que la humanidad ha conocido, pero que ahí estaban, firmando unos tratados de cooperación económica y buena voluntad que sembraron la semilla de lo que hoy es la Unión Europea. En Bosnia y Herzegovina, en cambio, han pasado casi quince años desde el fin del horror y todavía parece que las heridas de la guerra no sólo no se cierran, sino que se gangrenan sin remisión.

Lo inaudito es que éste es un caso para el que todo el mundo parece tener clara la solución, que pasa por la aplicación de la receta de Dayton y el ingreso del enfermo sanado en la Unión Europea. Así lo reconocen los líderes políticos locales, y en ello han trabajado decenas de miles de expertos internacionales y se han invertido centenares de miles de millones. Si la integración europea es la zanahoria la Comunidad Internacional posee además una completa gama de palos, de los cuales el más terrorífico es la llamada “Autoridad de Bonn” concedida por el PIC al Alto Representante, y que le dota de la autoridad de destituir cargos democratica y soberanamente elegidos si se considera que suponen un obstáculo a la aplicación del plan de paz. Ahí es nada, el virrey echando a un alcalde, a un ministro o al mismísimo presidente del gobierno.

El Comité de Implementación de la Paz y su Alto Representante son una especie de gabinete médico que uno pensaría que en principio debería ser infalible, por la sencilla razón de que en él están todos, absolutamente todos: Naciones Unidas y la mayoría de sus agencias especializadas, la OSCE, la OTAN, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, por supuesto EE UU y Rusia, y con ellos hasta 55 países a título individual, entre ellos Albania, Marruecos, Arabia Saudí, Ucrania, Omán o Malasia. Por descontado también está la Comisión Europea, que se ha traído a su policía y al ejército. Es decir, la crème de la crème de la geopolítica mundial. Sólo falta China, que dejó de inmiscuirse formalmente en los asuntos de Bosnia y Herzegovina en 2000.

De esta forma, si es cierto que en el mundo hay muchos Estados dominados de alguna forma por otros, no hay ninguno sometido a la voluntad de tantos otros como Bosnia y Herzegovina. Y todos ellos y muchos otros dedican sus energías y montones de dinero a trabajar por ese objetivo común de Dayton y la integración europea, un objetivo sacrosanto y asumido por todos.

Pero lo cierto es que cualquiera que haya trabajado en el país o que esté al tanto de lo que ocurre aquí conoce las dificultades que conlleva cualquier iniciativa que suponga la cooperación entre las partes que se enfrentaron en la guerra. El Estado central es débil e ineficaz, las entidades van cada una por su lado, la limpieza étnica se consolida día a día, la mitad serbia admite sin tapujos que quiere independizarse, croatas y musulmanes se hacen la puñeta en la mitad que comparten y con especial inquina en la dividida ciudad de Mostar, cada comunidad estudia un currículo diferente, y así un triste y larguísimo etcétera.

Es inevitable preguntarse qué está fallando aquí. Parece que todos tienen asumida la receta, los médicos controlan casi en su totalidad al paciente, pero éste no quiere tomarse la medicina. Una UVI con 4 millones de internos es una visión terrorífica, pero Bosnia y Herzegovina no es otra cosa. Está claro que los primeros responsables son los propios bosnioherzegovinos, pero cabría preguntarse si la Comunidad Internacional está haciendo lo más apropiado, o si aquellos acuerdos de Dayton, pese a detener la matanza, se equivocaron al diseñar el mecanismo que debería crear la paz.

Mientras tanto, miles de personas dedicamos todas nuestras energías a intentar que este país salga hacia delante, manejando ingentes recursos puestos a nuestra disposición por la Comunidad Internacional. Cuando no se trabaja con personas sino con instituciones y se busca cualquier tipo de cooperación entre ellas se acaba dudando de que merezca la pena tanto desvelo, porque sencillamente las partes no quieren colaborar entre sí o peor aún, utilizan cada oportunidad que se les brinda para torpedearla. Es inútil medicar a un enfermo si en cuanto te das la vuelta escupe la aspirina. Como con Dayton, todavía hoy el enfermo dice sí a cualquier tratamiento o proyecto, promete colaboración y recursos y alaba y agradece los esfuerzos, y uno acaba concluyendo que definitivamente le están tomando el pelo.

Es terriblemente frustrante dar lo mejor de uno mismo y comprobar que no sirve para nada, hasta que acabas cometiendo el pecado de pensar si tanta atención, mimos y cuidados son contraproducentes. Menos mal que cuando unos nos quemamos siempre llegan otros que, después del desconcierto inicial como ese embajador recién llegado, se dedican cargados de energía a alimentar la batería de este despropósito.

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Balcanes y la UE: novios que no se conocen.

Publicado por Miguel G. Lázaro en noviembre 27, 2008

Durante los años que llevo viviendo en la región he conocido decenas o más bien centenares de jóvenes que habían estudiado o trabajado en el extranjero, muchos de ellos gracias a las innumerables becas que centenares de instituciones, públicas y privadas, occidentales en su mayoría, ofrecen de forma regular e incansable a las nuevas generaciones de los Balcanes.

Sinceramente, en algún momento tuve el injusto pensamiento de que esta juventud tiene más posibilidades de salir a estudiar o a hacer prácticas en el extranjero que los jóvenes españoles. Es cierto que nosotros disfrutamos del programa Erasmus, becas pre y post-doctorales y otras muchas posibilidades, pero es probable que per capita las oportunidades de salir al extranjero sean mayores para un estudiante serbio, bosnio o montenegrino. Sea esta reflexión fundada o no, en los últimos días un par de anécdotas me han hecho pensar que en realidad, TODOS los jóvenes de la región deberían pasarse una temporada en el extranjero. Aunque cueste una fortuna. Aunque sea una locura.

La reacción de los que regresan de una estancia en Occidente suele ser una combinación de reafirmación de las raíces (“qué bonito es mi país y cómo me gusta mi cultura”) y a la vez de pesadumbre por el retorno a un nivel de vida muy inferior con mínimas posibilidades de promoción y puesta en valor de lo adquirido en el extranjero. Pero de alguna forma ya han adquirido un referente personal, subjetivo pero propio y no adquirido a través de la televisión o internet, un referente que les puede motivar en su acción profesional, política y ciudadana.

Todos los días la prensa, radio y TV bombardean a los ciudadanos con innumerables referencias al proceso de integración europea. La Comisión Europea dice esto, Solana aquello, la OTAN anima a esto, el Alto Representante critica lo otro, la OSCE, la OCDE, el Parlamento Europeo, el Consejo de Europa, el Comité de las Regiones… todos dicen algo, imponen o recomiendan, aplauden o censuran, y los gobiernos reforman o buscan justificaciones, pero la UE y la integración es omnipresente, omnisciente, inevitable.

Como pasa en otros países incluyendo la mayoría de los miembros de la UE, las reformas impopulares son culpa de Bruselas mientras que las que se entienden como positivas se las anotan los políticos locales. Las continuas referencias a la UE y los costes de la adhesión, además de la afrenta al orgullo que supuso la adhesión de Rumanía y Bulgaria, países vistos como mucho más atrasados que los de la antigua Yugoslavia, hacen que el euroescepticismo se extienda como una mancha de aceite en aguas turbulentas. Son muchos los ciudadanos que no están tan seguros de las ventajas de la integración en la UE, y sobre todo de si la ventaja más perceptible de la adhesión (el visado!) merece los costes de la adhesión. Y lo cierto es que resulta muy difícil convencerles de lo contrario.

Estos días he escuchado varios de estos comentarios euroescépticos, a los que podemos sumar las declaraciones de Milo Djukanovic, Primer Ministro de Montenegro, sobre la afirmación de Javier Solana de que Montenegro está cada día más cerca de la Unión Europea (25 de noviembre): Milo dijo que “los intereses son incontestables. Varias veces he insistido en que no es mayor el interés de Montenegro y los países de los Balcanes Occidentales de estar en la Unión Europa, que el que tiene la Unión de que estos países se integren en su seno”.

Entre una masa escéptica y desmoralizada y unos líderes políticos que juegan al tira y afloja con la Unión Europea la cosa pinta bastante gris. Si ya en los países miembros de la UE el conocimiento que tenemos de la institución que decide sobre nuestras vidas es mínima, en esta zona de Europa, en la que la UE puede suponer por fin el colchón que amortigüe las tensiones latentes dominantes, la población debe conocer de primera mano quién es esa deidad a quien en cuyo nombre se invocan grandes sacrificios. Las nuevas generaciones, aquellas sin memoria histórica de la próspera convivencia en la Yugoslavia de los años 70 y principios de los 80, deberían tener la oportunidad de conocer a sus vecinos presentes y futuros, y el mejor contacto es el directo, pues el conocimiento es la base del respeto y la tolerancia. Y por supuesto, de la voluntad, la acción política y el ejercicio democrático. Y todos estos países, sin excepción, necesitan urgentemente ciudadanos conscientes, educados en tolerancia, con amplitud de miras más allá de sus fronteras, con objetivos vitales que les animen a la acción política, ciudadanos libres no manipulables por unas elites nepotistas, oportunistas y peligrosas.

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