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10 años de los bombardeos de la OTAN sobre Serbia (y Montenegro)

Posted by Miguel G. Lázaro on March 25, 2009

Hace 10 años, el 24 de marzo de 1999 comenzaron los bombardeos de la OTAN sobre Serbia y Montenegro, como medida de presión definitiva para que el gobierno de Slobodan Milošević retirara sus tropas de Kosovo y aceptara las condiciones establecidas en los llamados Acuerdos de Rambouillet. Hace diez años, el mundo había discutido en la palestra pública y en prime-time si había que bombardear o no Yugoslavia (compuesta en aquél entonces por sólo 2 de las 6 repúblicas originales, Serbia y Montenegro), pero un día como hoy los que tenían la fuerza comenzaron a usarla, y lo hicieron durante 79 días.

Hubo mucha gente, especialmente unos dos millones de albanokosovares, que esperaron con ansiedad que aquello comenzara y lo celebraron durante 79 días; incluso quizá algunos desearon que hubieran sido más. Pensarían que por fin alguien hacía algo para ayudarles y terminar con el yugo, opresión y muerte que significa la sumisión a Serbia (y Montenegro), y que los sacrificios realizados durante tantos años de paciencia y espera habían dado sus frutos, ¡por fin serían libres!

Cartel en Kosovo que anuncia la concesión de un premio a Wesley Clark, comandante en jefe de la operación Fuerza Aliada de la OTAN sobre Yugoslavia

Cartel en Kosovo que anuncia la concesión de un premio a Wesley Clark, comandante en jefe de la operación Fuerza Aliada de la OTAN sobre Yugoslavia

Hubo también varios millones de personas que ese día pensaron que el mundo se había vuelto loco, y que les arrastraba a una absurda pesadilla de la que no iban a despertar en 79 días. Habría alguno que pensaría que iban a zurrar bien a los yankees y que Srbija do Tokija! (Serbia hasta Tokio!), y quién sabe qué más, pero la mayoría comenzaron a aprovisionar comida y los que pudieron se fueron a casas de parientes en el campo, o al extranjero.

Pintada en una casa en Trebinje, una ciudad serbia al sur de Bosnia y Herzegovina

Pintada en una casa en Trebinje, una ciudad serbia al sur de Bosnia y Herzegovina

Hoy, 10 años después, a las 11 de la mañana han sonado las sirenas en Serbia para recordar aquellos acontecimientos. Ha habido manifestaciones en Belgrado, pero también otras muchas ciudades del mundo donde la gente se ha manifestado contra la OTAN, de la que este año se cumple el 60 aniversario de su creación y que hace 10 celebraba su medio siglo de existencia con un festín de fuego. ¿De qué otra forma siendo una organización militar?

Montenegro, que también recibió bombas de la OTAN y no bombones, no ha celebrado ningún acto público de condena, ya que el caramelito del ingreso está tan cerca que es mejor no enfadar a quien te mueres por que te acoja. Uno de estos, uno de aquellos, que fue fue el enviado especial norteamericano a los Balcanes en la época y quien viajó a Belgrado a dar el ultimátum a Milošević antes de los bombardeos, ha declarado que “la gente de Kosovo están mejor ahora que cuando eran parte de Serbia, y Serbia está mejor mirando al futuro que remitiéndose a un pasado mítico”. Según Richard Holbrooke, “hicimos lo que era necesario y lo que era correcto”.

Hace diez años yo tenía 20, y ahora gente de mi generación me recuerda que toda aquella mierda les robó su juventud y lo mejor de su vida. Guerras, dictadura, embargos, contrabando, demagogia ultranacionalista, la lucha por sobrevivir, bombas que caen del cielo, propaganda, descontrol. Cada noche una fiesta, algo que hacer, apresurarse a emborracharse, tener sexo, hacer tonterías, porque no sabes si es la última noche y quieres vivirla a tope. Aquella gente también me cuenta que no saben cómo, pocos meses después de los bombardeos el gobierno de Milošević había reconstruído las autopistas, puentes y tendidos eléctricos, y el país había recobrado casi la normalidad. Muchos se quedaron muy sorprendidos con aquello, que probablemente dio un respiro a un déspota que en 10 años había contribuído estrepitosamente a la ruptura de un gran país, masacrado a los que le rodeaban y arruinado a los suyos propios.

Fuera o no fuera lo correcto, han pasado diez años y el círculo parece haberse cerrado. Kosovo es independiente, Montenegro también y es una de las niñas bonitas de la OTAN, y Serbia se ha adherido a la “Asociación para la Paz” (Partnership for Peace), especie de antecámara a la OTAN. Todavía hoy se discute sobre las razones, argumentos, legitimidad y legalidad de aquellos bombardeos, en los que España participó con sus F-18 y dos de sus políticos más destacados de su historia reciente: Felipe González como representante especial de la UE y de la OSCE, y Javier Solana como Secretario General de la OTAN, aquellos que en los 70 gritaban “OTAN no, bases fuera”. Ahora, España retira las tropas que trajo hace una década. Hace diez años, ya.

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Balcanes y la UE: novios que no se conocen.

Posted by Miguel G. Lázaro on November 27, 2008

Durante los años que llevo viviendo en la región he conocido decenas o más bien centenares de jóvenes que habían estudiado o trabajado en el extranjero, muchos de ellos gracias a las innumerables becas que centenares de instituciones, públicas y privadas, occidentales en su mayoría, ofrecen de forma regular e incansable a las nuevas generaciones de los Balcanes.

Sinceramente, en algún momento tuve el injusto pensamiento de que esta juventud tiene más posibilidades de salir a estudiar o a hacer prácticas en el extranjero que los jóvenes españoles. Es cierto que nosotros disfrutamos del programa Erasmus, becas pre y post-doctorales y otras muchas posibilidades, pero es probable que per capita las oportunidades de salir al extranjero sean mayores para un estudiante serbio, bosnio o montenegrino. Sea esta reflexión fundada o no, en los últimos días un par de anécdotas me han hecho pensar que en realidad, TODOS los jóvenes de la región deberían pasarse una temporada en el extranjero. Aunque cueste una fortuna. Aunque sea una locura.

La reacción de los que regresan de una estancia en Occidente suele ser una combinación de reafirmación de las raíces (“qué bonito es mi país y cómo me gusta mi cultura”) y a la vez de pesadumbre por el retorno a un nivel de vida muy inferior con mínimas posibilidades de promoción y puesta en valor de lo adquirido en el extranjero. Pero de alguna forma ya han adquirido un referente personal, subjetivo pero propio y no adquirido a través de la televisión o internet, un referente que les puede motivar en su acción profesional, política y ciudadana.

Todos los días la prensa, radio y TV bombardean a los ciudadanos con innumerables referencias al proceso de integración europea. La Comisión Europea dice esto, Solana aquello, la OTAN anima a esto, el Alto Representante critica lo otro, la OSCE, la OCDE, el Parlamento Europeo, el Consejo de Europa, el Comité de las Regiones… todos dicen algo, imponen o recomiendan, aplauden o censuran, y los gobiernos reforman o buscan justificaciones, pero la UE y la integración es omnipresente, omnisciente, inevitable.

Como pasa en otros países incluyendo la mayoría de los miembros de la UE, las reformas impopulares son culpa de Bruselas mientras que las que se entienden como positivas se las anotan los políticos locales. Las continuas referencias a la UE y los costes de la adhesión, además de la afrenta al orgullo que supuso la adhesión de Rumanía y Bulgaria, países vistos como mucho más atrasados que los de la antigua Yugoslavia, hacen que el euroescepticismo se extienda como una mancha de aceite en aguas turbulentas. Son muchos los ciudadanos que no están tan seguros de las ventajas de la integración en la UE, y sobre todo de si la ventaja más perceptible de la adhesión (el visado!) merece los costes de la adhesión. Y lo cierto es que resulta muy difícil convencerles de lo contrario.

Estos días he escuchado varios de estos comentarios euroescépticos, a los que podemos sumar las declaraciones de Milo Djukanovic, Primer Ministro de Montenegro, sobre la afirmación de Javier Solana de que Montenegro está cada día más cerca de la Unión Europea (25 de noviembre): Milo dijo que “los intereses son incontestables. Varias veces he insistido en que no es mayor el interés de Montenegro y los países de los Balcanes Occidentales de estar en la Unión Europa, que el que tiene la Unión de que estos países se integren en su seno”.

Entre una masa escéptica y desmoralizada y unos líderes políticos que juegan al tira y afloja con la Unión Europea la cosa pinta bastante gris. Si ya en los países miembros de la UE el conocimiento que tenemos de la institución que decide sobre nuestras vidas es mínima, en esta zona de Europa, en la que la UE puede suponer por fin el colchón que amortigüe las tensiones latentes dominantes, la población debe conocer de primera mano quién es esa deidad a quien en cuyo nombre se invocan grandes sacrificios. Las nuevas generaciones, aquellas sin memoria histórica de la próspera convivencia en la Yugoslavia de los años 70 y principios de los 80, deberían tener la oportunidad de conocer a sus vecinos presentes y futuros, y el mejor contacto es el directo, pues el conocimiento es la base del respeto y la tolerancia. Y por supuesto, de la voluntad, la acción política y el ejercicio democrático. Y todos estos países, sin excepción, necesitan urgentemente ciudadanos conscientes, educados en tolerancia, con amplitud de miras más allá de sus fronteras, con objetivos vitales que les animen a la acción política, ciudadanos libres no manipulables por unas elites nepotistas, oportunistas y peligrosas.

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