Balkanidades

Reflexiones, noticias y curiosidades sobre los Balcanes

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Angelina Jolie vs. Bosnia y Herzegovina

Publicado por Miguel G. Lázaro en marzo 3, 2012

Jolie se topó con las miserias del mundo rodando “Tomb Raider” en Camboya, donde vio hambre, pobreza y las desgracias causadas por las guerras. Desde entonces ha compaginado su trabajo artístico con la labor de embajadora de buena voluntad para el ACNUR, la oficina de la ONU para los refugiados. También ha adoptado varios niños. Pero ante los dramas de Bosnia decidió dirigir una película.

La protagonista es una mujer musulmana que, junto a decenas de otras mujeres de toda edad y condición, es raptada por soldados serbios para servir como esclava sexual del contingente que rodea la ciudad de Sarajevo. Entre los soldados hay un antiguo policía al que ella había conocido en tiempo de paz y que se la reserva para él, salvándola de las torturas físicas y psicológicas por las que pasan el resto de mujeres. Entre el secuestrador y la mujer se inicia una relación, pretendidamente amorosa pero del todo inverosímil, que sirve como hilo conductor de un compendio de atrocidades y barbaridades cometidas por los serbios.

Angelina fue ovacionada antes de la proyección en Sarajevo, el pasado 14 de febrero. Cuando terminó la película, por su brevedad los aplausos fueron más de cortesía que de entusiasta aprobación

Es una historia dura, de esas que hacen sentir lástima por el género humano y terror ante su inagotable capacidad para causar daño al prójimo. Pero a la película le falta contenido e intención y le sobra violencia. Las carencias narrativas y expresivas del film impiden que el espectador sienta empatía por la víctima, pero la crudeza de ciertos pasajes, todos ellos ciertos, provoca verdadera repulsión y pena. La historia no es creíble, termina además de forma casi ridícula, y carece de cualquier moraleja o mensaje, más allá del catálogo de salvajadas inhumanas y regodeo en la violencia por parte de los violadores y criminales soldados serbobosnios, quienes además justifican el exterminio y negación humana de la comunidad musulmana de Bosnia con todo tipo de clichés nacionalistas dignos del mismísimo Arkan.

El acercamiento de Jolie al horror de la guerra de Bosnia ha estado rodeado de polémica desde su inicio. Primero fue boicoteada por el ministro de cultura del cantón de Sarajevo, que denegó los permisos de rodaje ante las presiones de una asociación de mujeres víctimas de violaciones, que se escandalizaron al leer en el guión el inverosímil síndrome de Estocolmo de la esclava por su captor. La prohibición de las autoridades fue levantada poco después, pero Angelina Jolie ya se había llevado el rodaje a Hungría. Por supuesto, los serbios de Bosnia han puesto el grito en el cielo ante esta historia “antiserbia”, y aunque no ha habido un boicot político directo, el distribuidor en la mitad del país en la que los serbios tienen autonomía ha dicho que no la va a proyectar porque considera que “no hay interés entre el público”.

Lo cierto es que estas polémicas no tienen tanto que ver con la película como con la propia Bosnia y Herzegovina, en la que los líderes políticos y religiosos utilizan cualquier motivo para crear conflictos, avivar pasiones nacionalistas y fomentar la división, el miedo y el odio. Que la película presente a los serbios como malos malísimos es en realidad poco importante. Todo lo que en ella se cuenta realmente ocurrió y a mucha mayor escala, y los serbios de Bosnia siguen resistiéndose a aceptar y asumir este pasado. Calificar la película como antiserbia es como tildar La lista de Schindler de “antinazi”. No, sencillamente es una mala película, superficial y en cierto modo gratuita, pero aceptemos que la imagen que en ella se da de los serbios lleva ya 20 años inserta en el imaginario colectivo de gran parte de la Humanidad. El estropicio lo provoca la firma de Angelina Jolie, pues si no fuera por eso nadie le prestaría la mínima atención.

El gran problema de “En tierra de sangre y miel” es que en ella hay malos pero no hay buenos, hay víctimas.

En Sarajevo muchas personas no verán la película porque no tienen ganas de remover lo que intentan digerir, pero quienes la han visto dicen que refleja lo que vivieron durante la guerra. Pero todo el mundo destaca de la película la repercusión que está teniendo en el resto del mundo. Para los habitantes de Sarajevo, para los bosnios musulmanes, gracias a la película vuelven a ser el centro del mundo, se habla de su dolor, se conoce el horror que pasaron. Jolie está ahora dedicada a promocionar la película y a utilizar su fama y posición para reunirse con los mandamases mundiales y trasladarles el drama de la violación masiva de mujeres en tiempo de guerra, terrible e inhumana estrategia de humillación del “enemigo”. Sabemos que donde va Angelina Jolie siempre hay una cámara, por lo que a diario los medios de Sarajevo reproducen nuevos mensajes de compasión hacia las víctimas, pronunciados por protagonistas de la política, la cultura y el arte mundial.

Es por esto por lo que resulta escalofriante que el líder de la comunidad islámica de Bosnia y Herzegovina, Mustafá Ceric, considere que la obra de Angelina Jolie “es lo mejor que le ha pasado a Bosnia desde la firma de la paz de Dayton”. Lo cierto es que después de 16 años de paz las cosas siguen como durante los tres años de guerra, solo que sin muertos, matanzas y violaciones: el país está dividido, hundiéndose en la bancarrota económica, social y política, y los serbios siguen siendo los agresores y los bosnios musulmanes las víctimas. Y la grieta sigue profundizándose, gracias ahora a la bienintencionada pero torpe Angelina Jolie, que no ha sido capaz de darle a su película no una moraleja, símbolo ya de gran cine, sino siquiera una pátina que la convierta, al menos, en un homenaje a los miles de mujeres que sufrieron esas atrocidades. Pero ni a eso llega. Una lástima.

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La película se puede ver online en este enlace. Se grabaron dos versiones, una en los idiomas de la región, y otra en inglés. Esta es la versión inglesa.

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Entradas relacionadas: “The Wishtleblower: cine valiente que nos recuerda el poder de la opinión pública“.

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The Whistleblower: Cine valiente que nos recuerda el poder de la opinión pública.

Publicado por Miguel G. Lázaro en septiembre 20, 2011

The Whistleblower, retitulada “La verdad oculta” pero literalmente “la delatora”, es un cuasi-thriller policíaco ambientado en la Bosnia y Herzegovina de finales de los años 90. Una película de conspiraciones, malos malísimos y una heroína, Kathryn Bolkovac, que se enfrenta a miembros de la ONU por hacer pública una dolorosa verdad: que los ‘internacionales’ participan en redes de explotación y tráfico de mujeres. Una historia doblemente terrible porque es real, y porque con otros escenarios y otros protagonistas no deja de repetirse en la actualidad.

Cartel promocional utilizado en algunos países de Latinoamérica.

Rachel Weisz, Monica Bellucci y Vanessa Redgrave son las caras conocidas que dan visibilidad comercial al film, el primer largometraje de la directora Larysa Kondracki. Weisz convence en su interpretación de la policía norteamericana Kathryn Bolkovac, quien en 1999 fue contratada por una empresa privada para trabajar en la fuerza internacional de policía de la ONU en Bosnia y Herzegovina. Allí se hace cargo de la oficina de género, desde la que investiga casos de tráfico de mujeres del Este de Europa. Con horror descubre que sus compañeros de la comunidad internacional no sólo son clientes habituales de los prostíbulos, sino que participan activamente en las redes de tráfico de seres humanos.

La película narra los pormenores de la investigación que realizó Bolkovac, y denuncia con eficacia la doble moral que en ocasiones reina en estas organizaciones internacionales. También condena el oportunismo criminal de aquellos trabajadores internacionales que, escudándose en la inmunidad de su estatus y en el anonimato del extranjero, se comportan como nunca lo harían en su país. Es un film duro pero interesante, que cabalga en un ritmo de thriller muy apropiado que consigue atrapar con facilidad.

La valiente denuncia de Kathryn Bolkovac provocó un escándalo mediático que creció con rapidez al dar repercusión pública a situaciones similares. Como consecuencia el Secretario General Kofi Annan publicó un Boletín titulado “Medidas especiales de protección contra la explotación y el abuso sexuales”, que fue acompañado por la creación de una Task Force específica contra los abusos por parte de los funcionarios de la ONU y demás personal.

Naciones Unidas ha implantado una política de “tolerancia cero” respecto al comportamiento de su personal, que incluye la prohibición del “intercambio de dinero, empleos, bienes o servicios por sexo”. El problema es que la ONU no tiene capacidad para hacer castigar a los infractores más allá de la sanción administrativa, o como máximo con el despido. El Estado del que sea nacional el individuo es el único que puede iniciar medidas penales, pues el personal de la ONU goza de inmunidad y no puede ser juzgado en el país donde se encuentra en misión. Aunque la tolerancia cero es aplicada por Naciones Unidas, que repatría a quienes se demuestra que han cometido abusos, no suele trascender que después se les juzgue ni que cumplan condenas.

Lo más escalofriante es que probablemente tan sólo conocemos la punta del iceberg, y que el miedo de las víctimas impide la mayoría de las veces la denuncia de los abusos. “Nadie a quien dirigirse” es el título de un informe de la rama británica de Save the Children, en el que se denuncia la dimensión de los abusos a menores por personal internacional, y condena la total y absoluta indefensión de estas niñas y niños.

La ONU debe presionar para que la política de “tolerancia cero” sea asumida y puesta en práctica de forma firme por los Estados miembros. Esta política no será efectiva mientras el único castigo seguro para los proxenetas, agresores y abusadores sea un billete de vuelta a casa. Pero lo cierto es que la ONU tiene poca capacidad para tomar cartas reales en el asunto, y mucha dependencia de las aportaciones voluntarias de sus países miembros para mantener a más de 120.000 individuos en 16 misiones. A la ONU no le conviene incomodar demasiado a un Estado que aporta tropas, exigiendo que juzgue a los criminales. Este papel parece por tanto reservado a la opinión pública de esos propios Estados, y que, sensibilizada con la cuestión, reclame el esclarecimiento de los hechos y exija responsabilidades penales si se demostraran los abusos.

Sin duda este es el gran mérito de esta película, que contando de forma ágil la historia, y sin ser más escabrosa de lo estrictamente necesario te posiciona de forma inexcusable del lado de la víctima, y firme en la exigencia irrenunciable de castigar al agresor. Es una cinta que ayuda a crear ciudadanía y a exigir responsabilidad a los Estados, un film que, esperemos, contribuirá al triunfo de la tolerancia cero real frente a la explotación y los abusos sexuales cometidos por el personal internacional.

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La película ha sido estrenada este verano en varios países pero todavía no está confirmada su proyección en España.

El guión mantiene los nombres reales de Kathryn Bolkovac y de Madeleine Rees, que fue la Alta Comisionada para los Derechos Humanos en Bosnia y Herzegovina (interpretada por Vanessa Redgrave). Se alteran en cambio los nombres de otros implicados, como la compañía de servicios militares subcontratada por EE UU y para la que trabaja Bolkovac, DynCorp, que pasa a llamarse Democra, o la Organización Internacional de las Migraciones para la que trabaja una gélida Monica Bellucci es llamada Global Desplacement Agency.

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Para saber más: Imprescindible el artículo del Washington Post (mayo de 2001) sobre la repercusión del escándalo. Artículo de Foreign Policy (sept 2011) sobre la expulsión reciente de la ONU de la que fue la jefa y cómplice de Bolkovac en Bosnia, Madeleine Rees.

Además del informe de Save the Children (de 2008), hay dos informes del año 2002 dedicados a destapar la trata de mujeres hacia Bosnia y Herzegovina para utilizarlas como esclavas sexuales. En ellos se menciona la participación de miembros de los cuerpos policiales españoles:  International Crisis Group (mayo de 2002), y Human Rights Watch (noviembre 2002).

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Enlaces relacionados: Angelina Jolie vs. Bosnia y Herzegovina” (a propósito de su película “En tierra de sangre y miel”)

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Prohibido llevarse bien: el caso de las “misses” de Kosovo y Serbia

Publicado por Miguel G. Lázaro en septiembre 10, 2011

La imagen de las representantes de Serbia y Kosovo en el concurso de Miss Universo ha sido durísimamente criticada por los sectores más reaccionarios de sus países, en un verano “caliente” por un conflicto mercantil y comercial que ha costado la vida a un policía kosovar. Ante el linchamiento público, la modelo serbia ha reaccionado reafirmando su lealtad a su país, y la kosovar con silencio y total indiferencia. Los medios internacionales han dado inusitada cobertura a este suceso.

Captura de la foto en el perfil de Aferdita Dreshaj

La foto fue tomada en uno de los numerosos actos en los que participan las modelos durante las semanas previas al certamen de Miss Universo, que se celebra el 12 de septiembre en la ciudad brasileña de São Paulo. Las representantes de Serbia, Anja Šaranović, y de Kosovo, Afërdita Dreshaj, aparecen en un plano corto, en ropa informal y actitud relajada con las bandas de sus respectivos países. Una imagen de confraternización cargada de simbolismo y que podría haber ayudado a relajar, aun mínimamente, la tensión entre Serbia y su antigua provincia, independizada unilateralmente en 2008. En cambio, los sectores más reaccionarios y nacionalistas de ambos Estados han conseguido darle la vuelta a la tortilla y convertir la fotografía en un sazonador del conflicto.

La instantánea se publicó inicialmente en las redes sociales de ambas modelos en Facebook y Twitter, y enseguida los diarios sensacionalistas locales convirtieron la anécdota en escándalo, mediante el sencillo recurso de destacar los comentarios insultantes y vejatorios. El diario sensacionalista de Belgrado Kurir se hacía eco del asunto de forma incriminatoria, un enfoque que es el que reprodujeron los medios de comunicación en español dando alas a la idea de que la foto “divide los Balcanes”, como titulaba El Mundo.

En realidad la foto no divide nada que no esté ya suficientemente dividido, sino al contrario, demuestra que salirse de la línea oficial de confrontación tiene un enorme coste. Cualquier gesto futuro de amistad entre Kosovo y Serbia, cualquier acto encaminado a relajar la tensión será mucho más difícil a partir de esta polémica, en la que se llega a reprochar a una modelo que, “a diferencia de su país, que lucha en todos los campos para mantener la integridad territorial de Serbia, Anja no ve nada molesto en fotografiarse con una chica cuya banda lleva el nombre de un cuasiestado proclamado unilateralmente”, exclaman desde Kurir.

La modelo serbia se vio obligada a excusar su aparición en la fotografía: “habría sido una falta de respeto hacia los allí presentes si me hubiera salido del plano”. También reafirmó su lealtad a su país, en una secuencia de acontecimientos que muestran cómo se sigue el camino correcto: La poseedora de los derechos de Miss Universo en Serbia, Vesna Jugović, a la que se relaciona con redes de prostitución ‘de lujo’ en su país, justificó a la modelo diciendo que “existe una diferencia entre el comportamiento público y privado. Estoy segura –añadió– de que sus declaraciones públicas estarán en la línea de la política serbia en lo que se refiere a Kosovo”. Y efectivamente lo estuvieron, palabra por palabra: “Apoyo con todo mi corazón la política y la lucha de mi país, por lo que esa foto no es ningún reconocimiento sino un comportamiento educado a nivel personal”, declaró la modelo serbia. Y confirmó: “cuando hable de forma oficial por supuesto que diré que Kosovo es Serbia, es el Jerusalén [del pueblo] serbio”. Como reconocimiento a su docilidad, la dueña del show mediático de Miss Universo en Serbia descartó que se fuera a sancionar a la modelo.

El comportamiento de la representante kosovar Afërdita Dreshaj ha sido diametralmente distinto, y ni ella ni nadie de su entorno ha entrado en la polémica. Aunque también ha sufrido reproches y críticas, esta modelo y cantante nacida en Nueva York, hija de emigrantes albaneses originarios de Montenegro, ha demostrado mucha más madurez y entereza que su colega serbia y mantiene la imagen en sus perfiles públicos de Twitter y Facebook (aquí incluso con corazoncitos). Anja Šaranović, en cambio, retiró la imagen en cuanto se elevó la anécdota a escándalo incriminatorio.

Pero parece que en Serbia no está todo perdido. Si bien es cierto que un sector de la ciudadanía se deja llevar por ese patriotismo mal entendido, también hay parte de la población que se toma las cosas con más sentido común. Y como todo ha venido a raíz de comentarios en internet, por qué no reproducir el de Bojana a la noticia de Kurir: “qué les importa a ellas, son jóvenes, guapas, y no necesitan meterse en política, que a nosotros sólo nos ha traido desgracias. Hay que quererse, respetarse, ¡que nos sirva como ejemplo!”. Este enfoque, en cambio, indudablemente no es noticia.

La intolerancia se ha anotado un punto, aireado internacionalmente por los medios de comunicación internacionales que han evitado entrar en el análisis y criticar a los que critican. El linchamiento público de estas dos mujeres debería haber sido tratado como condena de la intransigencia, y no como escándalo y muestra de la “división de los Balcanes”. La reproducción de la polémica tal y como la presentan los que la crean no hace sino profundizar en la ruptura, pues el sectarismo se refuerza con su impacto mediático. La ausencia de críticas a esta actitud agresiva supone otra oportunidad perdida para favorecer una normalización de la región.

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Una cita incierta con el futuro de Bosnia y Herzegovina

Publicado por Miguel G. Lázaro en octubre 3, 2010

Los ciudadanos de Bosnia y Herzegovina están llamados hoy a votar en las quintas elecciones generales desde el fin de la guerra, unos comicios que muchos analistas consideran cruciales para la estabilidad de este pequeño país sureuropeo, inmerso en una gravísima crisis económica, política e institucional. Más de 8.000 candidatos se presentan en las listas de medio centenar de partidos políticos que no se clasifican tanto por el binomio izquierda-derecha como por su orientación étnica, y en una cita electoral más, a los habitantes de este torturado país se les bombardea con mensajes tribalistas como “Uno de los nuestros”, “Esta es nuestra tierra”, o “Para siempre”.

A diferencia del resto de sus países vecinos, que también sufrieron la destrucción física o el desmoronamiento político y social, Bosnia y Herzegovina sigue estancado en una situación de posguerra que ni siquiera los ingentes esfuerzos políticos, diplomáticos y económicos de la comunidad internacional ha conseguido superar. Los Acuerdos de Dayton establecieron un modelo de Estado transitorio en el que se garantizaba gran autonomía a las partes en conflicto, los serbios con su territorio, su “República Sprska”, y los croatas y musulmanes con su “Federación” fragmentada a su vez en cantones semiatuónomos para garantizar también cierto autogobierno a la comunidad croata, la minoritaria de las tres grandes o “pueblos constituyentes”.

El sistema político e institucional fijado en aquellos Acuerdos y en la Constitución, creado para garantizar que cada comunidad estuviera a salvo de posibles abusos de las demás, ha derivado en una tiranía de las etnias sobre la que pivota toda la vida de este país, hasta el punto de discriminar a los ciudadanos que no pertenecen a ellas e impedirles el acceso al poder ejecutivo y legislativo del Estado, reservado únicamente a musulmanes, croatas y serbios. Por ello la Corte Europea de Derechos Humanos sentenció en diciembre del año pasado que la Constitución de Bosnia y Herzegovina era discriminatoria, y la Unión Europea ha añadido su reforma como un requisito más para el avance en el proceso de integración.

Pero por supuesto no se ha logrado el acuerdo político para la reforma constitucional, ni tampoco se han cumplido los requisitos que permitirían a los bosnios viajar a Europa sin visado, ni se han hecho las reformas militares que permitirían avanzar en el proceso de integración en la OTAN, ni, según denuncian diversas organizaciones ciudadanas, se ha cumplido más que un 5% de las promesas electorales ni aprobado más que un tercio de las leyes previstas al inicio de la legislatura. Diversos estudios de opinión muestran el hartazgo soberano de la población, que perciben que la situación empeora irremediablemente y desconfía de unos representantes ineficaces, pero el voto urbano e informado es minoritario y el absentismo hace estragos entre jóvenes y mujeres. Con la esperanza de que su participación pueda provocar un cambio, la comunidad internacional les dirige desesperados mensajes para animarles a votar, y diversas organizaciones llevan tiempo denunciando los excesos de los políticos en el poder y haciendo campaña por la participación ciudadana.

Para luchar contra el cambio los partidos mayoritarios se han lanzado a su vez a una agresiva campaña que apela a los sentimientos más tribalistas del electorado, y desgraciadamente los medios de comunicación, denunciados por su partidismo incluso por la comunidad internacional, apenas reproducen los mensajes conciliadores de los minoritarios partidos multiétnicos. No se preven grandes cambios en el panorama político bosnio, aunque alguna encuesta anuncia una muy poco probable disminución de los votos al partido de Milorad Dodik, líder de un nacionalismo serbio que según la ocasión se torna oportunamente radical y que bloquea constantemente cualquier avance en la construcción del Estado central. Frente al más que previsible continuismo en República Srpska, el voto de la comunidad musulmana puede verse atraído por un nuevo actor, la Liga para un Futuro Mejor (SBB) de Fahrudin Radoncic. Este magnate de los medios de comunicación populista y demagogo podría incluso colarse en la presidencia tripartita del Estado desplazando a Haris Silajdzic, antiguo ministro de asuntos exteriores durante la guerra y representante de una opción mucho más integradora.

Las opciones reales de Radoncic de alcanzar la cúspide del poder al primer intento, haciéndose con el asiento que representa a los musulmanes en la presidencia tripartita del Estado, implica que el voto va a seguir dominado por el sentimiento nacional. Tan sólo un puñado de partidos multiculturales proponen las imprescindibles reformas económicas, políticas y sociales y la superación de la tiranía de las etnias. Y en ellos reside la única esperanza de que en los próximos cuatro años se consiga algún avance.

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Yugoslavia, efemérides y el periodismo español

Publicado por Miguel G. Lázaro en mayo 12, 2010

El 4 de mayo se cumplieron 30 años de la muerte de Tito, una de las grandes figuras políticas del siglo XX. Josip Broz Tito fue el líder del movimiento partisano que combatió a las tropas del Eje durante la Segunda Guerra Mundial, y que tras la victoria fundó y lideró la República Federal Socialista de Yugoslavia hasta su muerte, en 1980.

Si se atiende a lo que los antiguos súbditos de Yugoslavia comentan y recuerdan del dictador, que no tirano, la imagen que transmiten es muy humana y reconocible, y no censurable desde la perspectiva mayoritaria: presentan a un tipo que se aprovechaba de su posición para codearse con chicas guapas, famosas y deseadas, como las actrices de Hollywood con las que se le atribuyen romances; un bravucón, que presumía ante sus conciudadanos de haberse ido de un hotel de lujo de París sin pagar; pero también un valiente que luchó y fue herido durante la guerra y dirigió a sus tropas con astucia; el líder que consiguió hacer de la posguerra una oportunidad y lograr la convivencia pacífica de antiguos enemigos (ustashas, chetniks, partisanos…) bajo la bandera del socialismo y el yugoslavismo; y en el plano internacional, según comentaba un serbio de Bosnia con total seriedad, el estadista que consiguió que Yugoslavia fuera la tercera potencia a contar en el mundo durante la guerra fría, junto con EE UU y la URSS…

Josip Broz Tito es una figura riquísima y apasionante cuya efeméride permite acercarse a él de mil maneras, pero sorprendentemente los medios de comunicación españoles, en concreto medios líderes como TVE y El País, le han rendido su particular homenaje hablando no de él, sino de lo que ocurrió en su ausencia.

La página dedicada al evento en El País es reveladora: la primera información relacionada con "La herencia de Josip Broz Tito" es Slobodan Milosevic, el mayor pirómano de Yugoslavia

Como persona que vive desde hace más de un lustro en la región, puedo sentirme legítimamente decepcionado por no haber aprendido nada sobre Tito en esos reportajes, pero a la vez entiendo que para las últimas generaciones españolas, la destrucción de Yugoslavia es mucho más llamativa que una figura a la que muchos difícilmente reconocerían en una fotografía.

Lo malo de conocer la zona es comprobar que los reportajes están plagados de inexactitudes y suposiciones gratuitas. Lo terrorífico, es descubrir que van firmados por Ángela Rodicio y Ramón Lobo, conocidos y galardonados periodistas, y que además han cubierto esta zona desde la primera guerra de 1991. Y lo deprimente, que dos reporteros que gozan de respeto y credibilidad por parte del público y de sus colegas, y a quienes además se presupone “expertos” en el tema o al menos en la región, sean capaces de firmar documentos tan miserablemente pobres, superficiales y tendenciosos. Calidad paupérrima que no sólo desacredita la profesión periodística, sino que produce pavor sobre el género de información que devoramos los ciudadanos.

La herencia de Josip Broz Tito es el título del artículo publicado por Ramón Lobo el 4 de mayo de 2010 en El País.

Tito, el padre de la Yugoslavia moderna es el reportaje de Ángela Rodicio, y emitido en Informe Semanal el 24 de abril.

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Bosnia y Herzegovina: Una reflexión sobre un despropósito.

Publicado por Miguel G. Lázaro en junio 11, 2009

Recién estrenado en su cargo en Bosnia y Herzegovina, un embajador de uno de los grandes Estados de la Unión Europea reconoce que no había imaginado que la situación pudiera ser tan grave: “Aquí ocurre algo que no había visto en toda mi carrera, y es que me reúno con los ministros y jefes de Gobierno y de Estado para decirles lo que tienen que hacer y cómo; si hiciera esto en cualquier otra parte del mundo al día siguiente me expulsan del país.” Seguramente, pero a este embajador no le expulsarán de Bosnia y Herzegovina porque éste es un país radicalmente diferente a cualquier otro, ¿o acaso alguien se imagina al embajador alemán concediendo una entrevista a El País y diciendo lo que tiene que hacer España para mejorar su situación económica, o emitiendo un juicio sobre qué deberíamos hacer para acabar con ETA, por ejemplo? En Bosnia y Herzegovina eso ocurre con frecuencia y las opiniones de los diplomáticos llegan incluso a la portada de los periódicos, lo que da una medida de la importancia que se le concede a sus declaraciones.

Embajadores y gobernantes extranjeros, incluido el gobernador de Maryland, EE UU, exponen en los periódicos de Sarajevo sus reflexiones sobre la situación.

Embajadores y gobernantes extranjeros, incluido el gobernador de Maryland, EE UU, exponen en los periódicos de Sarajevo sus recomendaciones y reflexiones sobre la situación en Bosnia y Herzegovina.

Y es que los embajadores extranjeros hacen mucho más que preocuparse por las relaciones entre los Estados que representan y Bosnia y Herzegovina. En Sarajevo juegan a la política como peones en esta interminable partida de ajedrez que lleva en tablas desde 1995, cuando por fin se terminó la guerra y comenzó la lenta e inacabable construcción de la paz. Aquello sucedió en la pequeña ciudad de Dayton, EE UU, en noviembre de 1995, y allí se reunieron los presidentes de Bosnia y Herzegovina, Croacia y Serbia para fijar unos términos de paz que también apoyaron con su firma los presidentes de EE UU, Rusia, Francia, Gran Bretaña y Felipe González como enviado especial de la Unión Europea. Con aquella firma múltiple asumían todos ellos el compromiso y la responsabilidad de trabajar por la paz y la estabilidad del país, y para ello crearon un organismo, el llamado Comité de Implementación de la Paz o PIC (Peace Implementation Council) y una figura, el Alto Representante, que serían los encargados de velar por la aplicación de dichos acuerdos. De ello hace una larguísima década y media, y así seguimos.

No es ninguna tontería recordar que en 1957 se sentaron en Roma alemanes, franceses, italianos, belgas y holandeses y luxemburgueses, gentes que una década antes se habían matado de la forma más horrible que la humanidad ha conocido, pero que ahí estaban, firmando unos tratados de cooperación económica y buena voluntad que sembraron la semilla de lo que hoy es la Unión Europea. En Bosnia y Herzegovina, en cambio, han pasado casi quince años desde el fin del horror y todavía parece que las heridas de la guerra no sólo no se cierran, sino que se gangrenan sin remisión.

Lo inaudito es que éste es un caso para el que todo el mundo parece tener clara la solución, que pasa por la aplicación de la receta de Dayton y el ingreso del enfermo sanado en la Unión Europea. Así lo reconocen los líderes políticos locales, y en ello han trabajado decenas de miles de expertos internacionales y se han invertido centenares de miles de millones. Si la integración europea es la zanahoria la Comunidad Internacional posee además una completa gama de palos, de los cuales el más terrorífico es la llamada “Autoridad de Bonn” concedida por el PIC al Alto Representante, y que le dota de la autoridad de destituir cargos democratica y soberanamente elegidos si se considera que suponen un obstáculo a la aplicación del plan de paz. Ahí es nada, el virrey echando a un alcalde, a un ministro o al mismísimo presidente del gobierno.

El Comité de Implementación de la Paz y su Alto Representante son una especie de gabinete médico que uno pensaría que en principio debería ser infalible, por la sencilla razón de que en él están todos, absolutamente todos: Naciones Unidas y la mayoría de sus agencias especializadas, la OSCE, la OTAN, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, por supuesto EE UU y Rusia, y con ellos hasta 55 países a título individual, entre ellos Albania, Marruecos, Arabia Saudí, Ucrania, Omán o Malasia. Por descontado también está la Comisión Europea, que se ha traído a su policía y al ejército. Es decir, la crème de la crème de la geopolítica mundial. Sólo falta China, que dejó de inmiscuirse formalmente en los asuntos de Bosnia y Herzegovina en 2000.

De esta forma, si es cierto que en el mundo hay muchos Estados dominados de alguna forma por otros, no hay ninguno sometido a la voluntad de tantos otros como Bosnia y Herzegovina. Y todos ellos y muchos otros dedican sus energías y montones de dinero a trabajar por ese objetivo común de Dayton y la integración europea, un objetivo sacrosanto y asumido por todos.

Pero lo cierto es que cualquiera que haya trabajado en el país o que esté al tanto de lo que ocurre aquí conoce las dificultades que conlleva cualquier iniciativa que suponga la cooperación entre las partes que se enfrentaron en la guerra. El Estado central es débil e ineficaz, las entidades van cada una por su lado, la limpieza étnica se consolida día a día, la mitad serbia admite sin tapujos que quiere independizarse, croatas y musulmanes se hacen la puñeta en la mitad que comparten y con especial inquina en la dividida ciudad de Mostar, cada comunidad estudia un currículo diferente, y así un triste y larguísimo etcétera.

Es inevitable preguntarse qué está fallando aquí. Parece que todos tienen asumida la receta, los médicos controlan casi en su totalidad al paciente, pero éste no quiere tomarse la medicina. Una UVI con 4 millones de internos es una visión terrorífica, pero Bosnia y Herzegovina no es otra cosa. Está claro que los primeros responsables son los propios bosnioherzegovinos, pero cabría preguntarse si la Comunidad Internacional está haciendo lo más apropiado, o si aquellos acuerdos de Dayton, pese a detener la matanza, se equivocaron al diseñar el mecanismo que debería crear la paz.

Mientras tanto, miles de personas dedicamos todas nuestras energías a intentar que este país salga hacia delante, manejando ingentes recursos puestos a nuestra disposición por la Comunidad Internacional. Cuando no se trabaja con personas sino con instituciones y se busca cualquier tipo de cooperación entre ellas se acaba dudando de que merezca la pena tanto desvelo, porque sencillamente las partes no quieren colaborar entre sí o peor aún, utilizan cada oportunidad que se les brinda para torpedearla. Es inútil medicar a un enfermo si en cuanto te das la vuelta escupe la aspirina. Como con Dayton, todavía hoy el enfermo dice sí a cualquier tratamiento o proyecto, promete colaboración y recursos y alaba y agradece los esfuerzos, y uno acaba concluyendo que definitivamente le están tomando el pelo.

Es terriblemente frustrante dar lo mejor de uno mismo y comprobar que no sirve para nada, hasta que acabas cometiendo el pecado de pensar si tanta atención, mimos y cuidados son contraproducentes. Menos mal que cuando unos nos quemamos siempre llegan otros que, después del desconcierto inicial como ese embajador recién llegado, se dedican cargados de energía a alimentar la batería de este despropósito.

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