El Alto Representante para Bosnia y Herzegovina, Valentin Inzko, ha ordenado el pasado viernes 30 de octubre que se repitan elecciones municipales en la ciudad de Mostar en un plazo de 30 días para resolver el atasco institucional en que está hundida esta ciudad, sin alcalde desde las elecciones de octubre de 2008. La lista vencedora, del Partido de Acción Democrática (SDA), no ha conseguido que su candidato para la alcaldía sea aprobado en el Consistorio debido a las restricciones del sistema electivo, que había sido también impuesto por la Oficina del Alto Representante (OHR) en 2004. Al menos en 16 ocasiones se ha repetido el proceso de votaciones, sin éxito, lo que ha impedido formar equipo de gobierno y por tanto establecer las políticas municipales y aprobar los presupuestos. Como consecuencia, desde marzo de 2009 los empleados municipales no reciben sus salarios.
Mostar es la tercera ciudad por importancia de Bosnia y Herzegovina después de Sarajevo y de Banja Luka, capitales del Estado y de la entidad de República Srpska, respectivamente, y también el centro urbano más importante en el que la comunidad croata es mayoritaria. Mostar era una ciudad multiétnica en los últimos días de Yugoslavia, con alrededor de un 35% de bosniacos (bosnios musulmanes), un 34% de croatas y un 19% de serbios (censo de 1991), pero la guerra provocó la expulsión de los serbios por las fuerzas unidas de croatas y bosniacos, que una vez concluida la limpieza étnica se dedicaron a matarse entre sí con terrible saña. Como consecuencia hubo miles de víctimas civiles y decenas de miles de personas que huyeron y nuncan han regresado, la ciudad quedó arrasada y el puente viejo, símbolo de la ciudad por el que recibe su nombre (most = puente), se hundió en las aguas del Neretva bajo el peso de las bombas croatas.
Después de la guerra la comunidad croata se convirtió en la más numerosa y poderosa de la ciudad, comenzando una política de intimidación contra los bosniacos que perpetuó la división entre el Mostar este (croata) y el oeste (bosniaco), siguiendo el eje del bulevar central que divide el casco urbano y que había sido línea de frente. La tensión en la ciudad hizo que durante bastante tiempo fuera equiparado con Beirut. Para contrarrestar el peso demográfico croata se estableció un sistema de equilibrios que consistió en dividir la ciudad en seis distritos, la mitad de los cuales controlaría cada comunidad. El equipo de gobierno local lo formaba un alcalde elegido por voto mayoritario, un teniente de alcalde de la otra comunidad y un representante por cada distrito; además, la administración municipal se duplicó, existiendo estructuras independientes para cada mitad de la ciudad: dos servicios de correos, dos empresas públicas de transporte, dos servicios de parques y jardines, dos compañías eléctricas, etc, etc… La debilidad ejecutiva del alcalde y el enorme coste de la administración municipal hicieron que el Alto Representante Paddy Ashdow interviniera en 2004, imponiendo un nuevo estatuto para la ciudad que eliminaba los distritos, preveía la gradual unificación de los servicios municipales, y establecía un sistema electivo del alcalde que obligaba a pactar a las partes, pues el alcalde debía obtener dos tercios de los votos del consistorio para ser elegido.
El sistema funcionó bien tras las elecciones de 2004 gracias al pacto de la época entre los dos principales partidos bosniaco (SDA) y croata (HDZ), en virtud del cual los representantes del SDA en el ayuntamiento de Mostar votaron a favor del candidato croata del HDZ. Pero en 2008 la situación se vino abajo por la ruptura de este pacto y porque ninguno de los bloques presentes en el consistorio tiene mayoría de 2/3 para imponer a su alcalde. Es más, el estatuto impuesto por el Alto Representante establece que si después de dos votaciones en el Consistorio no se logra 2/3 de los votos a favor de un candidato, se realizará una tercera votación en la que el vencedor será el que consiga una mayoría cualificada de 18 votos (la mitad más uno sobre los 35 representantes municipales), y que en el caso de empate, será nombrado alcalde el más joven de los dos candidatos. Tanto SDA, vencedor por número de votos y representantes en las elecciones, como HDZ quieren imponer a su candidato, pero ninguno tiene apoyos para lograr la mayoría de 2/3 ni la cualificada de 18 votos. Cuando en las sucesivas votaciones se llegaba a la tercera ronda y se preveía un empate, alguno de los representantes de una de las partes se abstenía para evitar la igualdad de votos y que la alcaldía llegara al candidato más joven.
La población de Mostar es así rehén de los juegos e intereses de estos partidos políticos y de la imposición arbitraria de la Oficina del Alto Representante de un estatuto que crea una situación única en el país con un sistema que favorece a la minoría otorgándole capacidad de bloqueo. Y es que el sistema electoral establecido en el estatuto divide a partes iguales 18 escaños entre los seis distritos de la posguerra, y los 17 restantes entre el total de los votos considerando Mostar como un distrito único. De esta forma, los tres distritos bosniacos tienen asegurados al menos 9 representantes de sus partidos nacionales con muchos menos votos que los necesarios en los tres distritos de mayoría croata, mucho más poblados.
Los políticos croatas del HDZ y de los otros dos partidos con representación (el HDZ 1990, escindido de HDZ en 2006, y el NS) se resisten a ceder la alcaldía al representante bosniaco del SDA pese a que haya sido el partido vencedor de las elecciones, y destacan la injusticia de un sistema impuesto por la comunidad internacional que favorece a la minoría, cuando tales disposiciones no existen en otras ciudades como Sarajevo o Banja Luka, cada una dominada abrumadoramente por una comunidad (bosniaca y serbia, respectivamente). El SDA bosniaco por su parte defiende el derecho a la alcaldía en virtud de su diferencia de más de 4.000 votos sobre el HDZ.
Mostar es ciertamente el único caso en toda Bosnia y Herzegovina en el que las elecciones no se deciden por mayoría simple sino que se ha establecido un sistema de cuotas que favorece a una minoría. El Alto Representante, el virrey de la comunidad internacional, tiene la capacidad de imponer la ley en este maltrecho país y en Mostar decidió proteger a la comunidad bosniaca. El pacto de 2004 se vino abajo por la derrota del HDZ en las elecciones, y por el peso político y simbólico que tiene Mostar para la comunidad croata de Bosnia y Herzegovina. Y es que cuando en 1995 se fijaron los términos del armisticio en el tratado de paz se decidió crear dos entidades, una bajo control de la mayoría serbia, la República Srpska, y otra que debían compartir musulmanes y croatas, la Federación de Bosnia y Herzegovina. Tres comunidades (o “pueblos constituyentes”) pero sólo dos unidades político-administrativas, lo que significó que se rechazaron las demandas croatas de tener su propia entidad; en cambio, debían compartir el territorio con los musulmanes en la Federación, que casi a modo de compensación fue a su vez dividida en 10 cantones autónomos, para que al menos la comunidad croata tuviera control pleno sobre aquellos pedazos en los que tuvieran mayoría de población. Igual que los bosniacos controla la capital, Sarajevo, y los serbios la segunda ciudad del país, Banja Luka, la comunidad croata se resiste a ceder Mostar, la ciudad principal de la mitad sur del país, de Herzegovina.
Las contradicciones políticas de Bosnia y Herzegovina quedan tristemente al descubierto en esta estrambótica situación, donde los bosniacos, que en el resto del país defienden escrupulosamente la regla de la mayoría, en esta ciudad se agarran a las cuotas que impuso el Alto Representante a su favor. Los croatas, en cambio, que defienden las cuotas en todas las instituciones estatales y la administración tripartita como garantía de defensa de sus intereses ante su inferioridad numérica frente a bosniacos y serbios, en Mostar juzgan la protección de la minoría como injusta y defienden el sistema mayoritario. Ambos bloques se han enrocado en la defensa de sus candidatos no por la calidad de sus programas o su capacidad gestora sino por su afiliación étnica. Y el Alto Representante, cuya responsabilidad en el estancamiento es innegable, tan sólo mete el acelerador e impone la celebración de nuevas elecciones.
Algunos ciudadanos de Mostar, hartos del ambiente de enemistad entre la zona este y la oeste y desesperados por el estancamiento político en el ayuntamiento, en marzo de 2009 se manifestaron pidiendo una solución y proponiendo su propio candidato para alcalde: ¡un asno!
Fuentes: International Crisis Group (“Bosnia: A Test of Political Maturity in Mostar“), Oficina del Alto Representante – OHR (Estatuto de la ciudad de Mostar y decisión para repetir el proceso)



