Balkanidades

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Mostar lleva un año sin alcalde y el Alto Representante vuelve a intervenir.

Posted by Miguel G. Lázaro on November 5, 2009

El Alto Representante para Bosnia y Herzegovina, Valentin Inzko, ha ordenado el pasado viernes 30 de octubre que se repitan elecciones municipales en la ciudad de Mostar en un plazo de 30 días para resolver el atasco institucional en que está hundida esta ciudad, sin alcalde desde las elecciones de octubre de 2008. La lista vencedora, del Partido de Acción Democrática (SDA), no ha conseguido que su candidato para la alcaldía sea aprobado en el Consistorio debido a las restricciones del sistema electivo, que había sido también impuesto por la Oficina del Alto Representante (OHR) en 2004. Al menos en 16 ocasiones se ha repetido el proceso de votaciones, sin éxito, lo que ha impedido formar equipo de gobierno y por tanto establecer las políticas municipales y aprobar los presupuestos. Como consecuencia, desde marzo de 2009 los empleados municipales no reciben sus salarios.

Puente de Mostar

Puente viejo de Mostar

Mostar es la tercera ciudad por importancia de Bosnia y Herzegovina después de Sarajevo y de Banja Luka,  capitales del Estado y de la entidad de República Srpska, respectivamente, y también el centro urbano más importante en el que la comunidad croata es mayoritaria. Mostar era una ciudad multiétnica en los últimos días de Yugoslavia, con alrededor de un 35% de bosniacos (bosnios musulmanes), un 34% de croatas y un 19% de serbios (censo de 1991), pero la guerra provocó la expulsión de los serbios por las fuerzas unidas de croatas y bosniacos, que una vez concluida la limpieza étnica se dedicaron a matarse entre sí con terrible saña. Como consecuencia hubo miles de víctimas civiles y decenas de miles de personas que huyeron y nuncan han regresado, la ciudad quedó arrasada y el puente viejo, símbolo de la ciudad por el que recibe su nombre (most = puente), se hundió en las aguas del Neretva bajo el peso de las bombas croatas.

Después de la guerra la comunidad croata se convirtió en la más numerosa y poderosa de la ciudad, comenzando una política de intimidación contra los bosniacos que perpetuó la división entre el Mostar este (croata) y el oeste (bosniaco), siguiendo el eje del bulevar central que divide el casco urbano y que había sido línea de frente. La tensión en la ciudad hizo que durante bastante tiempo fuera equiparado con Beirut. Para contrarrestar el peso demográfico croata se estableció un sistema de equilibrios que consistió en dividir la ciudad en seis distritos, la mitad de los cuales controlaría cada comunidad. El equipo de gobierno local lo formaba un alcalde elegido por voto mayoritario, un teniente de alcalde de la otra comunidad y un representante por cada distrito; además, la administración municipal se duplicó, existiendo estructuras independientes para cada mitad de la ciudad: dos servicios de correos, dos empresas públicas de transporte, dos servicios de parques y jardines, dos compañías eléctricas, etc, etc… La debilidad ejecutiva del alcalde y el enorme coste de la administración municipal hicieron que el Alto Representante Paddy Ashdow interviniera en 2004, imponiendo un nuevo estatuto para la ciudad que eliminaba los distritos, preveía la gradual unificación de los servicios municipales, y establecía un sistema electivo del alcalde que obligaba a pactar a las partes, pues el alcalde debía obtener dos tercios de los votos del consistorio para ser elegido.

El sistema funcionó bien tras las elecciones de 2004 gracias al pacto de la época entre los dos principales partidos bosniaco (SDA) y croata (HDZ), en virtud del cual los representantes del SDA en el ayuntamiento de Mostar votaron a favor del candidato croata del HDZ. Pero en 2008 la situación se vino abajo por la ruptura de este pacto y porque ninguno de los bloques presentes en el consistorio tiene mayoría de 2/3 para imponer a su alcalde. Es más, el estatuto impuesto por el Alto Representante establece que si después de dos votaciones en el Consistorio no se logra 2/3 de los votos a favor de un candidato, se realizará una tercera votación en la que el vencedor será el que consiga una mayoría cualificada de 18 votos (la mitad más uno sobre los 35 representantes municipales), y que en el caso de empate, será nombrado alcalde el más joven de los dos candidatos. Tanto SDA, vencedor por número de votos y representantes en las elecciones, como HDZ quieren imponer a su candidato, pero ninguno tiene apoyos para lograr la mayoría de 2/3 ni la cualificada de 18 votos. Cuando en las sucesivas votaciones se llegaba a la tercera ronda y se preveía un empate, alguno de los representantes de una de las partes se abstenía para evitar la igualdad de votos y que la alcaldía llegara al candidato más joven.

La población de Mostar es así rehén de los juegos e intereses de estos partidos políticos y de la imposición arbitraria de la Oficina del Alto Representante de un estatuto que crea una situación única en el país con un sistema que favorece a la minoría otorgándole capacidad de bloqueo. Y es que el sistema electoral establecido en el estatuto divide a partes iguales 18 escaños entre los seis distritos de la posguerra, y los 17 restantes entre el total de los votos considerando Mostar como un distrito único. De esta forma, los tres distritos bosniacos tienen asegurados al menos 9 representantes de sus partidos nacionales con muchos menos votos que los necesarios en los tres distritos de mayoría croata, mucho más poblados.

Los políticos croatas del HDZ y de los otros dos partidos con representación (el HDZ 1990, escindido de HDZ en 2006, y el NS) se resisten a ceder la alcaldía al representante bosniaco del SDA pese a que haya sido el partido vencedor de las elecciones, y destacan la injusticia de un sistema impuesto por la comunidad internacional que favorece a la minoría, cuando tales disposiciones no existen en otras ciudades como Sarajevo o Banja Luka, cada una dominada abrumadoramente por una comunidad (bosniaca y serbia, respectivamente). El SDA bosniaco por su parte defiende el derecho a la alcaldía en virtud de su diferencia de más de 4.000 votos sobre el HDZ.

Mostar es ciertamente el único caso en toda Bosnia y Herzegovina en el que las elecciones no se deciden por mayoría simple sino que se ha establecido un sistema de cuotas que favorece a una minoría. El Alto Representante, el virrey de la comunidad internacional, tiene la capacidad de imponer la ley en este maltrecho país y en Mostar decidió proteger a la comunidad bosniaca. El pacto de 2004 se vino abajo por la derrota del HDZ en las elecciones, y por el peso político y simbólico que tiene Mostar para la comunidad croata de Bosnia y Herzegovina. Y es que cuando en 1995 se fijaron los términos del armisticio en el tratado de paz se decidió crear dos entidades, una bajo control de la mayoría serbia, la República Srpska, y otra que debían compartir musulmanes y croatas, la Federación de Bosnia y Herzegovina. Tres comunidades (o “pueblos constituyentes”) pero sólo dos unidades político-administrativas, lo que significó que se rechazaron las demandas croatas de tener su propia entidad; en cambio, debían compartir el territorio con los musulmanes en la Federación, que casi a modo de compensación fue a su vez dividida en 10 cantones autónomos, para que al menos la comunidad croata tuviera control pleno sobre aquellos pedazos en los que tuvieran mayoría de población. Igual que los bosniacos controla la capital, Sarajevo, y los serbios la segunda ciudad del país, Banja Luka, la comunidad croata se resiste a ceder Mostar, la ciudad principal de la mitad sur del país, de Herzegovina.

Las contradicciones políticas de Bosnia y Herzegovina quedan tristemente al descubierto en esta estrambótica situación, donde los bosniacos, que en el resto del país defienden escrupulosamente la regla de la mayoría, en esta ciudad se agarran a las cuotas que impuso el Alto Representante a su favor. Los croatas, en cambio, que defienden las cuotas en todas las instituciones estatales y la administración tripartita como garantía de defensa de sus intereses ante su inferioridad numérica frente a bosniacos y serbios, en Mostar juzgan la protección de la minoría como injusta y defienden el sistema mayoritario. Ambos bloques se han enrocado en la defensa de sus candidatos no por la calidad de sus programas o su capacidad gestora sino por su afiliación étnica. Y el Alto Representante, cuya responsabilidad en el estancamiento es innegable, tan sólo mete el acelerador e impone la celebración de nuevas elecciones.

Algunos ciudadanos de Mostar, hartos del ambiente de enemistad entre la zona este y la oeste y desesperados por el estancamiento político en el ayuntamiento, en marzo de 2009 se manifestaron pidiendo una solución y proponiendo su propio candidato para alcalde: ¡un asno!

el asno candidato en Mostar

El candidato popular para alcalde de Mostar.

Fuentes: International Crisis Group (“Bosnia: A Test of Political Maturity in Mostar“), Oficina del Alto Representante – OHR (Estatuto de la ciudad de Mostar y decisión para repetir el proceso)

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Bosnia y Herzegovina: Una reflexión sobre un despropósito.

Posted by Miguel G. Lázaro on June 11, 2009

Recién estrenado en su cargo en Bosnia y Herzegovina, un embajador de uno de los grandes Estados de la Unión Europea reconoce que no había imaginado que la situación pudiera ser tan grave: “Aquí ocurre algo que no había visto en toda mi carrera, y es que me reúno con los ministros y jefes de Gobierno y de Estado para decirles lo que tienen que hacer y cómo; si hiciera esto en cualquier otra parte del mundo al día siguiente me expulsan del país.” Seguramente, pero a este embajador no le expulsarán de Bosnia y Herzegovina porque éste es un país radicalmente diferente a cualquier otro, ¿o acaso alguien se imagina al embajador alemán concediendo una entrevista a El País y diciendo lo que tiene que hacer España para mejorar su situación económica, o emitiendo un juicio sobre qué deberíamos hacer para acabar con ETA, por ejemplo? En Bosnia y Herzegovina eso ocurre con frecuencia y las opiniones de los diplomáticos llegan incluso a la portada de los periódicos, lo que da una medida de la importancia que se le concede a sus declaraciones.

Embajadores y gobernantes extranjeros, incluido el gobernador de Maryland, EE UU, exponen en los periódicos de Sarajevo sus reflexiones sobre la situación.

Embajadores y gobernantes extranjeros, incluido el gobernador de Maryland, EE UU, exponen en los periódicos de Sarajevo sus recomendaciones y reflexiones sobre la situación en Bosnia y Herzegovina.

Y es que los embajadores extranjeros hacen mucho más que preocuparse por las relaciones entre los Estados que representan y Bosnia y Herzegovina. En Sarajevo juegan a la política como peones en esta interminable partida de ajedrez que lleva en tablas desde 1995, cuando por fin se terminó la guerra y comenzó la lenta e inacabable construcción de la paz. Aquello sucedió en la pequeña ciudad de Dayton, EE UU, en noviembre de 1995, y allí se reunieron los presidentes de Bosnia y Herzegovina, Croacia y Serbia para fijar unos términos de paz que también apoyaron con su firma los presidentes de EE UU, Rusia, Francia, Gran Bretaña y Felipe González como enviado especial de la Unión Europea. Con aquella firma múltiple asumían todos ellos el compromiso y la responsabilidad de trabajar por la paz y la estabilidad del país, y para ello crearon un organismo, el llamado Comité de Implementación de la Paz o PIC (Peace Implementation Council) y una figura, el Alto Representante, que serían los encargados de velar por la aplicación de dichos acuerdos. De ello hace una larguísima década y media, y así seguimos.

No es ninguna tontería recordar que en 1957 se sentaron en Roma alemanes, franceses, italianos, belgas y holandeses y luxemburgueses, gentes que una década antes se habían matado de la forma más horrible que la humanidad ha conocido, pero que ahí estaban, firmando unos tratados de cooperación económica y buena voluntad que sembraron la semilla de lo que hoy es la Unión Europea. En Bosnia y Herzegovina, en cambio, han pasado casi quince años desde el fin del horror y todavía parece que las heridas de la guerra no sólo no se cierran, sino que se gangrenan sin remisión.

Lo inaudito es que éste es un caso para el que todo el mundo parece tener clara la solución, que pasa por la aplicación de la receta de Dayton y el ingreso del enfermo sanado en la Unión Europea. Así lo reconocen los líderes políticos locales, y en ello han trabajado decenas de miles de expertos internacionales y se han invertido centenares de miles de millones. Si la integración europea es la zanahoria la Comunidad Internacional posee además una completa gama de palos, de los cuales el más terrorífico es la llamada “Autoridad de Bonn” concedida por el PIC al Alto Representante, y que le dota de la autoridad de destituir cargos democratica y soberanamente elegidos si se considera que suponen un obstáculo a la aplicación del plan de paz. Ahí es nada, el virrey echando a un alcalde, a un ministro o al mismísimo presidente del gobierno.

El Comité de Implementación de la Paz y su Alto Representante son una especie de gabinete médico que uno pensaría que en principio debería ser infalible, por la sencilla razón de que en él están todos, absolutamente todos: Naciones Unidas y la mayoría de sus agencias especializadas, la OSCE, la OTAN, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, por supuesto EE UU y Rusia, y con ellos hasta 55 países a título individual, entre ellos Albania, Marruecos, Arabia Saudí, Ucrania, Omán o Malasia. Por descontado también está la Comisión Europea, que se ha traído a su policía y al ejército. Es decir, la crème de la crème de la geopolítica mundial. Sólo falta China, que dejó de inmiscuirse formalmente en los asuntos de Bosnia y Herzegovina en 2000.

De esta forma, si es cierto que en el mundo hay muchos Estados dominados de alguna forma por otros, no hay ninguno sometido a la voluntad de tantos otros como Bosnia y Herzegovina. Y todos ellos y muchos otros dedican sus energías y montones de dinero a trabajar por ese objetivo común de Dayton y la integración europea, un objetivo sacrosanto y asumido por todos.

Pero lo cierto es que cualquiera que haya trabajado en el país o que esté al tanto de lo que ocurre aquí conoce las dificultades que conlleva cualquier iniciativa que suponga la cooperación entre las partes que se enfrentaron en la guerra. El Estado central es débil e ineficaz, las entidades van cada una por su lado, la limpieza étnica se consolida día a día, la mitad serbia admite sin tapujos que quiere independizarse, croatas y musulmanes se hacen la puñeta en la mitad que comparten y con especial inquina en la dividida ciudad de Mostar, cada comunidad estudia un currículo diferente, y así un triste y larguísimo etcétera.

Es inevitable preguntarse qué está fallando aquí. Parece que todos tienen asumida la receta, los médicos controlan casi en su totalidad al paciente, pero éste no quiere tomarse la medicina. Una UVI con 4 millones de internos es una visión terrorífica, pero Bosnia y Herzegovina no es otra cosa. Está claro que los primeros responsables son los propios bosnioherzegovinos, pero cabría preguntarse si la Comunidad Internacional está haciendo lo más apropiado, o si aquellos acuerdos de Dayton, pese a detener la matanza, se equivocaron al diseñar el mecanismo que debería crear la paz.

Mientras tanto, miles de personas dedicamos todas nuestras energías a intentar que este país salga hacia delante, manejando ingentes recursos puestos a nuestra disposición por la Comunidad Internacional. Cuando no se trabaja con personas sino con instituciones y se busca cualquier tipo de cooperación entre ellas se acaba dudando de que merezca la pena tanto desvelo, porque sencillamente las partes no quieren colaborar entre sí o peor aún, utilizan cada oportunidad que se les brinda para torpedearla. Es inútil medicar a un enfermo si en cuanto te das la vuelta escupe la aspirina. Como con Dayton, todavía hoy el enfermo dice sí a cualquier tratamiento o proyecto, promete colaboración y recursos y alaba y agradece los esfuerzos, y uno acaba concluyendo que definitivamente le están tomando el pelo.

Es terriblemente frustrante dar lo mejor de uno mismo y comprobar que no sirve para nada, hasta que acabas cometiendo el pecado de pensar si tanta atención, mimos y cuidados son contraproducentes. Menos mal que cuando unos nos quemamos siempre llegan otros que, después del desconcierto inicial como ese embajador recién llegado, se dedican cargados de energía a alimentar la batería de este despropósito.

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Amenazas de muerte por investigar corrupción en la República Sprska

Posted by Miguel G. Lázaro on January 22, 2009

Edificio del Gobierno de la República Srpska en Banja Luka

En noviembre de 2007, y después de dos años de trabajos, se terminó el edificio destinado a albergar las instituciones del Gobierno de la República Srpska (RS). Muy cerca del centro de Banja Luka, capital de RS, se erige esta mole de 70 m. y 23.000 m2 que costó la friolera de 110 millones de euros, un 15 % del presupuesto anual del gobierno de la República Srpska, y que está equipado con las últimas tecnologías y lujosamente amueblado.

El elevado coste de la obra y las irregularidades detectadas en el proceso llevaron a los fiscales del Tribunal Supremo de Bosnia y Herzegovina a investigar las cuentas públicas de la República Srpska, lo que ha provocado una violentísima reacción de su Primer Ministro, Milorad Dodik. En un primer momento Dodik se negó a proporcionar la información, pero el 24 de noviembre de 2008 amenazó con demandar a los fiscales internacionales del Tribunal y a Raffi Gregorian, adjunto al Alto Representante, por parcialidad y ataques a la República Srpska.

La oficina del Alto Representante (OHR, Office of the High Representative), es la autoridad suprema en el país y su titular, el esloveno Miroslav Lajčák, ejerce como auténtico virrey en el país en virtud de los poderes otorgados por los Acuerdos de Paz de Dayton. Además de que tiene el poder de derogar leyes o censurar y hasta expulsar a políticos democráticamente elegidos, también nombra a los jueces y fiscales internacionales del Tribunal Supremo de ByH. De acuerdo con el mismo tratado de Dayton, todas las instituciones de Bosnia y Herzegovina están obligadas a colaborar y a acatar las decisiones de la OHR.

La OHR tiene frecuentes conflictos con las autoridades serbias y especialmente con su Primer Ministro Dodik, quien amenaza recurrentemente con bloquear las decisiones de la comunidad internacional, a la que acusa de discriminación contra la comunidad serbia y su gobierno.

En este caso la amenaza de Dodik de iniciar un proceso judicial contra Gregorian y los fiscales encargados del caso ha degenerado en la amenaza de un grupo radical serbio llamado “Venganza serbia” (Sprska Osveta) y afincado en Chicago, EE UU, de recompensar con 2 millones de dólares a quien asesine a Raffi Gregorian. En los últimos años se han recibido hasta una veintena de cartas de este tipo contra ciudadanos bosnios o miembros de la comunidad internacional como el mismo Alto Representante Lajčák, y muchas de ellas con matasellos de Illinois.

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