La presidenta de las “Madres de Srebrenica” expulsada de la ONU

Durante un debate público sobre la Corte Penal Internacional en las Naciones Unidas en Nueva York, en el turno de palabra del presidente serbio Tomislav Nikolić, Munira Subašić mostró una camiseta con la palabra “Srebrenica” y quiso abrir una pancarta en la que se leía “República Srpska genocida”.

Munira Subašić

La señora Subašić asistía como observadora a la sesión pública de la Asamblea General, convocada por su presidente Vuk Jeremić para debatir sobre la labor del Tribunal Penal Internacional. Hasta 82 Estados tenían turno de palabra, un número récord para este tipo de actos según algunas informaciones, aunque con notables ausencias como las del propio TPI, o la de Estados Unidos. De hecho, la convocatoria del debate lleva semanas provocando agrias discusiones, pues la voluntad expresa del presidente de la Asamblea General era cuestionar las últimas decisiones del TPI para la antigua Yugoslavia.

Sí acudieron los jefes de Estado de Bosnia y Herzegovina y de Serbia. Durante su intervención, el presidente de turno de Bosnia y Herzegovina Nebojša Radmanović afirmó que “muchos miembros de los tres pueblos constituyentes de Bosnia y Herzegovina no están satisfechos con la labor del Tribunal de La Haya, y creen que se castiga solo a los miembros de su pueblo”, y advirtió frente a la “culpabilización colectiva”, afirmando que no se puede “culpabilizar a todo un pueblo, sólo son culpables los individuos”.

Posteriormente, el presidente de Serbia Tomislav Nikolić consideró que los “procesos de La Haya se pueden poner al mismo nivel que los de la Inquisición” y que no se hacía justicia con la población serbia víctima de abusos, expulsiones y asesinatos. Nikolić tachó los juicios contra los serbios como ilegales e injustos, y motivados por la venganza y el castigo. Preguntándose si somos responsables ante ese tribunal o ante dios, pidió el apoyo de los miembros de la Asamblea de Naciones Unidas para que “se sepa la verdad y se castigue a los responsables de los crímenes contra la población serbia”, como el del tráfico de órganos en Kosovo, especificó.

Fue durante la intervención de Nikolić cuando la presidente de las “Madres de Srebrenica” mostró la camiseta y quiso abrir la pancarta con la frase “República Srpska genocida”, en referencia a una acusación frecuente entre la población bosniomusulmana de que esta entidad autónoma de mayoría serbia, que administra casi la mitad del territorio del país (incluido el municipio de Srebrenica), tiene marcado su ADN por la matanza de más de 8.000 varones musulmanes en julio de 1995, masacre que fue posteriormente calificada como “genocidio” por el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia.

Los servicios de seguridad de Naciones Unidas impidieron que Subašić terminara de desplegar la pancarta, y la expulsaron de la sala y del edificio sin permitir que volviera a entrar. El presidente serbio Nikolić, que no interrumpió su discurso durante el incidente, no quiso hacer comentarios sobre el suceso.

Vuk Jeremić le echa un pulso al TPIY, y lo pierde.

La iniciativa de la sesión de debate había sido convocada por el presidente de la Asamblea General de la ONU Vuk Jeremić, que fue ministro de Asuntos Exteriores de Serbia, con el título “El papel de la justicia penal internacional en el logro de la reconciliación”. Un periódico croata especulaba el día anterior al debate con que el único jefe de Estado que tenía confirmada su asistencia era el de Serbia (aunque ahora sabemos que también estaba, al menos, el de Bosnia y Herzegovina), y recogía las quejas de la madre de Srebrenica Munira Subašić: “No nos invitaron de primeras, tuvimos que imponernos. Jeremić nos ha dejado entrar al edificio de la ONU pero no nos ha dado ni un minuto para hablar.”

A la sesión no acudió la presidencia de ningún tribunal, aunque sí había confirmado el de la Corte Penal Internacional, Song Sang-Hyun. Por su parte, Theodor Meron, presidente del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia, era objeto de críticas públicas por parte de Jeremić por no haberse dignado contestar a la invitación: “es escandaloso”, afirmó. Meron declaró después: “Como ustedes saben, el señor Jeremić ha convocado esta reunión como reacción a determinados veredictos, lo que básicamente presenta cuestiones de respeto al tribunal y al imperio de la ley”. Ciertamente, Jeremić afirmó en una entrevista al diario belgradense Vecernje Novosti que la razón última para convocar el debate eran “las chocantes resoluciones tomadas por la Cámara de Apelaciones del TPIY respecto a crímenes contra los serbios cometidos en la operación ‘Tormenta’ de 1995”.

Como es sabido, en noviembre de 2012 se revocaron las condenas de 24 y 18 años de prisión a los generales del ejército croata Ante Gotovina y Mlanden Markač, que el mismo TPIY había ordenado tras encontrarles culpables de crímenes de guerra y de “asociación criminal conjunta” para la expulsión de 230.000 serbios residentes en Croacia. Año y medio después de aquella sentencia, la Sala de Apelaciones dictaminaba que las pruebas no eran suficientes, declaraba la inocencia de los condenados y su “inmediata liberación”. Solo quince días después, el antiguo líder guerrillero de la UÇK y ex primer ministro de Kosovo Ramush Haradinaj, era también puesto en libertad en otra decisión que causó enorme controversia e indignación en la comunidad serbia.

Mientras el presidente de la Asamblea General denunciaba “presiones” para que no se organizara el debate, la agencia pública de noticias de la Federación de Bosnia y Herzegovina (la autonomía de mayoría musulmana), informaba del “boicot” norteamericano y canadiense a la sesión. Pero el boicot más hiriente, desde luego, el del propio  TPIY, “por el evidente miedo de que se le pudieran hacer numerosas e incómodas preguntas”, ironizó Jeremić.

Y en medio de estos rifirafes diplomáticos en los que no la habían dejado participar, la señora Subašić estaba dispuesta a hacerse notar de la forma que fuera. “Si no me dejaran entrar protestaría ante la puerta”, había declarado, pero tuvo su oportunidad de llamar la atención sobre Srebrenica y su acusación de “República Srpska genocida”, que llegó al menos a la prensa local. Con ella como representante de una parte de las víctimas, estaban así presentes todos los actores del fallido proceso de reconciliación en las posguerras balcánicas, todos mostrando su insatisfacción en una sesión de la Asamblea General de la ONU convocada para poner en cuestión la justicia internacional. Menudo espectáculo.

Es curioso cómo, a veces, el recuerdo de la muerte pervive mucho más que el de la vida por ella arrebatada

Arundhati Roy

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