Pánico por el discurso de Erdogan: “Lost in translation”

Traducción de un texto original de Dušan Komarčević publicado en Kosovo 2.0 (publicación que recomiendo seguir de cerca) y disponible en inglés, serbio y albanés

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“Kosovo es Turquía y Turquía es Kosovo.”

Con estas palabras se dirigió el primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan a la población de Prizren durante su visita a Kosovo, el 23 de octubre. Su frase fue titular de todos los medios de Belgrado ese mismo día, que se lanzaron apresurados al “periodismo de investigación”. Literalmente, esa noche los precios de traductores y profesores de lengua turca se dispararon con las consultas periodísticas sobre la exactitud de la traducción. Y se alcanzó el consenso: no hay ningún error en la traducción de las palabras de Erdogan. Veamos la frase completa:

“Queridos hermanos y amigos”, dijo el primer ministro turco, “tenemos una historia, cultura y civilización comunes. No lo olviden, Turquía es Kosovo y Kosovo es Turquía”.

Enseguida saltaron las autoridades serbias.

“Considero esa declaración escandalosa y exijo urgentes disculpas públicas de Turquía y su primer ministro Erdogan. Es un comportamiento intolerable en las relaciones internacionales y tendremos que ver cuáles serán las reacciones de otros países”, dijo el vicepresidente primero del Gobierno Aleksandar Vučić.

Su compañero de partido y presidente de Serbia Tomislav Nikolić anunció que congelaba su asistencia a los encuentros entre Serbia, Turquía y Bosnia y Herzegovina mientras Turquía no se disculpara ante Serbia.

“Espero que en Turquía se imponga la razón y que Turquía se disculpe con Serbia por esta agresión sin armas”, dijo Nikolić, quien con el Partido Radical Serbio (del que era miembro) participó en los noventa en la agresión CON armas a Croacia y a Bosnia Herzegovina.

Algo más suave en sus declaraciones fue el primer ministro Ivica Dačić, que calificó el acto de Erdogan como no diplomático, y añadió que no contribuye a la paz entre serbios y albaneses en Kosovo y Metohija.

Nada más recibir la noticia los analistas nacionalistas de guardia se pusieron en pie. Los protectores del honor serbio, desde sus sillones de cuero, consideraron las palabras del primer ministro turco como la confirmación de sus teorías sobre –presten atención– la política neootomana de Turquía en los Balcanes.

“Erdogan dice lo que piensa la población albanesa. Ha asumido su ideología, que tiene como esencia la religión musulmana, que a su vez implica que en un lejano futuro todos los musulmanes viven en un único país. Los albaneses están de acuerdo con esto, y eso significa que turcos y albaneses deben vivir en un país. De ahí su declaración sobre Kosovo. Pues, ¿qué conecta Turquía y Albania? Nada, salvo la religión”, dijo para el periódico belgradense Večernje Novosti el profesor Miroljub Jevtić de la facultad de ciencias políticas de Belgrado.

La frase de Erdogan, seamos honestos, es tan confusa como la chorrada del profesor belgradense, quien –si se informara– sabría que el nacionalismo albanés, a diferencia del serbio, croata o bosniaco, no se basa en la relación entre nación y religión. Tal y como el presidente del gobierno turco debería saber que la historia común concierne no solo a Kosovo, sino a todos los países balcánicos, Asia occidental, y el norte y parte del este de África – los territorios que estuvieron bajo gobierno del Imperio Otomano.  Sabría Erdogan, digamos, que perviven ejemplos de la arquitectura otomana en Egipto, Eritrea y Argelia, así que la próxima vez libremente puede decir: “Eritrea es Turquía y Turquía es Eritrea” o “Serbia es Turquía y Turquía es Serbia”. Sin duda esto último hará las delicias de Miroljub Jevtić y de similares analistas de lo fútil.

Regresemos del Imperio Otomano a la historia reciente. En septiembre de 2006 el parlamento de la República de Serbia aprobó el texto de la nueva Constitución, por la que en referéndum votó casi el 55% de la ciudadanía, y que apoyaron todos los grandes partidos de aquella legislatura. Semanas antes del referéndum la Constitución se presentó a los ciudadanos no tanto como el marco legal superior en el que basar la dirección económica y política del país, sino como arma para proteger y defender al “Kosovo serbio”. Por tanto, no sorprende que el juramento del Presidente de la República de Serbia esté regulado en dicha constitución de la siguiente manera:

“Juro que consagraré todas mis fuerzas a salvaguardar la soberanía e integridad territorial de la República de Serbia, incluyendo a Kosovo y Metohija como parte integral, así como a la realización de las libertades y derechos humanos y de las minorías, a respetar y defender la Constitución y la ley, a preservar la paz y el bienestar de todos los ciudadanos de la República de Serbia, y que consciente y responsablemente cumpliré todas mis tareas”.

El juramento lo pronunció en 2008 el anterior presidente Boris Tadić, tal y como su sucesor Tomislav Nikolić cuatro años después. Ambos como papagayos repiten “Kosovo es Serbia, así lo dice la Constitución de Serbia”. Pero para visitar la “provincia serbia del sur” tanto el anterior como el actual presidente deben ponerse de acuerdo previamente con el gobierno de Pristina. No con la alcaldía de la ciudad, sino con el primer ministro de la República de Kosovo. Sin su autorización, solo pueden visitar Kosovo a través de la lectura de la poesía épica popular. Imaginen ahora una escena en la que Nikolić, antes de visitar Niš (ciudad en el suroeste de Serbia), necesitara conseguir con antelación la autorización del primer ministro Dačić. Es ciencia ficción, del mismo calibre que la que presenta la frase del presidente Erdogan con la que abrimos el texto.

“Kosovo es Serbia” y “Kosovo es Turquía”, a pesar de que se pronuncian en idiomas distintos en esencia están igual de huecas. Pues Kosovo es Serbia tanto como Turquía es Kosovo. Kosovo es simplemente Kosovo y pertenece a todos los ciudadanos de ese país.

Pero mientras Erdogan puede justificar su declaración como un patinazo desafortunado, las palabras de los políticos serbios están tejidas en la Constitución del país, lo que no les da un mayor peso, sino que certifican la profunda esquizofrenia política de la Serbia actual.

Una Serbia que ha reemplazado la verdad sobre sus crímenes en Kosovo por un mantra vacío.

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